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lunes, 23 de julio de 2018

Blackwater Holylight : cuando la vulnerabilidad se convierte en música


A principios de abril de 2018, la reconocida disquera norteamericana RidingEasy Records publicó el álbum debut de un cuarteto de chicas del rock etéreo y ambivalente que por momentos deslumbra con la iluminación multicolor de la vieja psicodelia y en otros te sumerge en profundos abismos ahogados en obscuridad y misterio. Sin mayor referencia, nos llegó a nuestros oídos Blackwater Holylight y ahora es momento de descifrar su propuesta onírica en unas cuantas palabras...

Bajo ese halo de misticismo que siempre ha rodeado a RidingEasy Records, inesperadamente se presentó el primer disco de Blackwater Holylight. Al rascar un poco para encontrar información nos encontramos con la breve historia de su formación donde se cuenta que en Portland, Oregon la bajista y vocalista Alison "Sunny" Faris conformó un nuevo grupo tras la separación del anterior donde se encontraba, pero ahora deseaba hacerlo con puras mujeres como compañeras. Sin embargo, la idea principal de la cual se aferraría sería en la música heavy; concepto que iría desde lo musical hasta lo emocional.


Como compañeras de fórmula, Faris encontró a la guitarrista Laura Hopkins, a la baterista Catherine Hoch y a la tecladista Sarah Mckenna. Ya como banda, el nombre de Blackwater Holylight comenzó a recorrer por las diversas páginas especializadas y estaciones de radio por internet hasta que comenzó a despertarse un especial interés por su proyecto, mismo que se ofrecía como una forma de enfrentar la vulnerabilidad desde todas las perspectivas posibles.

Bajo la supervisión técnica de Cameron Spies en los estudios The Greenhouse y Goldbrick, Blackwater Holylight  se dedicó a grabar un denso material que realmente logra penetrar el interior del alma para desmenuzar los temores, las creencias y los sueños de una mujer que desea romper con el miedo para seguir adelante con sus ideales. Voces fantasmales se escurren entre guitarras ásperas y teclados oníricos, líneas de bajo muy suaves que toman los tiempos aletargados marcados por la batería para construir muros de neblina y sonidos hipnóticos que muestran la obscuridad y la luz del individuo y buscan dejar a un lado el mal paso y seguir hacia adelante.


El debut de Blackwater Holylight versa entre lo melódico y el arranque desenfrenado, creando una colección de temas que equilibran los primeros momentos del doom con las ensoñaciones ácidas de la psicodelia setentera, aunque por momentos bien podemos escuchar atmósferas del movimiento dark ochentero. Con una mezcla tan amplia, las posibilidades del álbum son enormes. Al bajar la aguja sobre los surcos, nos encontramos con un riff concreto de guitarras fantasmales llamado "Willow" que intenta crear un ambiente etéreo hasta que poco a poco crece hasta llevarnos a las nubes; aunque de manera contraria nos ocurre con "Babies", tema de riff misterioso que repta por el suelo hasta que nos obliga arrastrarnos con él.

Con una línea melódica más directa, la hipnótica "Sunrise" nos recuerda algunas cosas creadas por las bandas alternativas de los años noventas por medio de sintetizadores nebulosos y voces femeninas que provocan a los hombres como sirenas embrujadas. Sin embargo, el primer disco de Blackwater Holylight crea momentos realmente obscuros llenos de melancolía y zozobra como en "Jizz witch" con su tiempo lento heredero del doom o en "Slow hole" con aquel bajo distorsionado aletargado y los efectos sonoros de guitarra y sintetizadores de otro mundo. Aunque no muy lejos del mismo sentimiento acongojado del material, "Carry her" destaca por su melodía proto-doom que recuerda algunas cosas de The Oath, termina por deshacer las bocinas al estilo de Windhand o Acid King.


El primer sencillo del material es "Wave of conscience", tema que delimita a la perfección las características sonoras de la banda: guitarras con algunos destellos ásperos de fuzz, teclados tenues que sirven para crear una atmósfera mórbida, voces fúnebres que hechizan desde la primera frase y una suave batería que tan sólo marca los tiempos de manera concreta. Conforme avanza el tema, el muro sonoro se hace tan espeso que imposible atravesarlo; pero cuando llegamos a la parte central de la canción, todo se vuelve tan pantanoso que el movimiento es imposible como si algo desde el fondo nos tomara del tobillo para ahogarnos en su abismo. La melodía se transforma en un ruido tenebroso que nos envuelve sin remedio, pero de su propio interior surge nuevamente la línea inicial del tema para dejarnos abandonados en la nada. ¿Acaso puede existir algo mejor que esta sensación para tratar de representar lo que es la vulnerabilidad?


Apenas hace unos días, la disquera RidingEasy Records presentó en su canal de videos de YouTube el trabajo promocional para "Wave of conscience". Mientras vemos sobre la pantalla un viejo documental sobre la viuda negra (aquella araña venenosa de tan mala reputación), la infecciosa guitarra hiriente pero contenida de Blackwater Holylight se escucha por las bocinas sin remedio. La mirada se posa sobre el insecto mientras éste teje su trampa en espera de su próxima víctima. Un viejo castillo se levanta en medio de la noche, extrañas formas comienzan a tomar cuerpo y los retoños toman vida. 


Si realmente ha nacido una banda que en sus venas corre la obscuridad y la densidad creada por el miedo a enfrentarse al mundo, esa es Blackwater Holylight. Su álbum debut es una colección de ocho temas sublimes que navega por océanos abismales de melancolía para que por el arrebato de un instante de furia todo se convierta en tormenta de ímpetu y fuerza desesperada. Disco mágico que mezcla los universos oníricos del interior humano con la intensidad del deseo y el arranque apasionado de un sentimiento puro sin control. Sin embargo, este cuarteto de sirenas fantasmales tienen algo más escondido, pues más allá de este maravillo trabajo de estudio, tienen la capacidad de trasportarlo a los escenarios; por lo que su magia y zozobra traspasa la muralla de la grabación estática para vivirse en una realidad aun más aterradora...


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