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viernes, 10 de noviembre de 2017

The Black Angels : una inyección lisérgica directa a las venas


Hace unas semanas se anunció el festival Hipnosis que se llevará acabo el próximo 9 de diciembre en el centro deportivo Lomas Altas de la Ciudad de México. Dicho concierto es organizado por la revista Indie Rocks! y la promotora de eventos Major Tom, quienes presentaran un cartel lleno de bandas clavadas en la psicodelia, el garage, el noise y el fuzz como Black Rebel Motorcycle Club, Ty Segall, Death Valley Girls, The Coathangers, entre otros. Sin embargo, existe una banda que participará en Hypnosis que fuertemente llama la atención de Earthquaker: The Black Angels.

Al principio de este siglo, varias bandas encontraron su fuente de inspiración en la vieja acidez psicodélica para mezclarla con diversas tendencias musicales. Desde el pop hasta el noise, pasando por el garage, el electrónico y el stoner, la nueva psicodelia se estableció con el paso de los años en un lugar común. Al hablar de este estilo, inmediatamente nos viene a la mente el nombre de bandas como Dead Medow, Temples, Brian Jonestown Massacre, Youth Lagoon o Tame Impala; pero se existe un grupo que rescata la esencia lisérgica del sonido originario de finales de los 60's con líricas reflexivas y corrosivas, ese es The Black Angels.

Con una historia iniciada en 2004 y con cuatro cuatro álbumes completos y cuatro EP's, la banda de Austin, Texas ha regresado en 2017 con un nuevo material discográfico que nace directamente de su pasión por Velvet Underground, grupo de donde toman su nombre y ahora bautizan su más reciente entrega. Compuesto y grabado en pleno proceso electoral que llevó a Donald Trump a la Casa Blanca, Death song es un disco desgarrador que hace coincidir las líricas catárticas con la música explosiva, áspera y alucinante que el grupo ha desarrollado durante su carrera.

Bajo la producción de Phil Ek, quien es reconocido por su trabajo con The Shins, Band of Horses, The Walkmen y Fleet Foxes, la nueva entrega de The Black Angels rompe con el halo misterioso del Indigo meadow de 2013 para sumergirnos en una marea de ansiedad provocada por la división en las posturas políticas en los Estados Unidos hasta alcanzar el malestar y la indignación. Los acordes suenan con coraje mientras las estrofas entonan melodías que van desde la reflexión hasta la crítica directa, canciones fuertes con ácida crítica social.


Bajo el formato de quinteto, The Black Angels ha creado un material equilibrado entre la rabia sonora que desgarra bocinas y melodías infecciosas que muerden y no sueltan. La hipnótica voz de Alex Maas nos envuelve con su peculiar color mientras que las figuras insistentes del bajo en las manos de Kyle Hunt dotan de profundidad a los temas y las bases rítmicas de Stephanie Bailey juegan con los tiempos en un esfuerzo por crear intensidad. Un arsenal de guitarras nos ahoga como el zumbido de un enjambre de abejas, una tormenta de arena construida a partir de los acordes marcados por los zurdos Christian Bland y Jake García, distorsiones que rasgan los tímpanos y al mismo tiempo recogen los pedazos rotos de todo lo que quebraron unos segundos antes.

Death song es un disco ambivalente en todos los sentidos: por un lado nos muestra el rostro más misterioso de la banda con suaves temas que hechizan ("Grab as much") y por el otro uno más hiriente a base de riffs afilados e insistentes como cuchillos ("Hunt on me" o "Medicine"), por un lado tenemos canciones de protesta directa ("Currency" ataca la filosofía mercantilista basada en el dinero y "Half believing" critica la devoción a los personajes mediáticos) y por el otro himnos reflexivos llenos de metáforas ("I'd kill for her") por un lado pasajes multicolores herederos de la psicodelia de los clásicos del género como 13th Floor Elevators y Pink Floyd ("Comanche moon" o "I dreamt") y por el otro sombríos paseos que sobrevuelan obscuros abismos ("Estimate" o "Death song").


Para ejemplificar lo alcanzado por The Black Angels en Death song, tomamos como referencia su segundo tema promocional llamado "I'd kill for her". Este áspero track atascado de fuzz es igual a una inyección que surte una fuerte sustancia química al torrente sanguíneo para provocar una alucinación lisérgica sin control. Su melodía penetra la piel para envenenar el cuerpo e intoxicar la mente mientras su lírica habla de muerte y violencia entre retorcidas metáforas de amor y mujeres fatales.

"Tuve una mujer, ella me tuvo también. Ella era muy sucia, te convencía. Ella estaba tan cargada que me hipnotizó. Yo tenía que seguir su obscuro horizonte. Ella tenía precisión, una vista perfecta, una mirada clara que podía cambiarnos, te seducía. Era tan brutal la forma en que la se movía, una francotiradora perfecta, pero ella nos llevó al campo de batalla. Todos sabíamos que había una ciudad y ella robó su su libertad. Ella voló como un ángel roto dentro de la habitación... No, no mataré por ella otra vez. Este es tu corazón que ella golpea, éste es tu amor que ella desnuda y es este tu amor que está a la deriva..."


Aquí está la oportunidad para que la Ciudad de México disfrute a The Black Angels sobre el escenario y pueda constatar la capacidad interpretativa de la banda en directo y lejos del refugio de los estudios de grabación. Mientras tanto, permitamos que el arco iris sature la pantalla y el fuzz distorsione las salidas de sonido con la intención de sacudir conciencias y despertar la mente, entremos al ácido viaje que critica al mundo y busca salidas posibles a través de acordes que quiebran el alma y líricas inconformes que invitan a la rebeldía



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