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miércoles, 25 de octubre de 2017

Arteaga : entre el éxtasis y la hipnosis


La tierra se agita desde sus cimientos hasta mover a la gran ciudad en plenas tinieblas. El signo funesto de la noche nos hace un guiño que no puede interpretarse como una simple coincidencia. Tras unos minutos de Vinnum Sabbathi en el escenario, un EP llega a nuestras manos y las placas tectónicas se agitan irremediablemente. Las fuerzas de las naturaleza nos hacen un llamado de atención y ahora es el momento de pagar aquella deuda con los antiguos dioses y los poderes de la obscuridad que esa noche nos permitieron tener un momento de encuentro con la energía y la música. 

Existen pocas bandas en la actualidad que logran fusionar en sus proyectos musicales la densidad del proto-doom con la acidez de la psicodelia a partir del áspero y desgarrador sonido del fuzz. Cuando hablados de esta mezcla auditiva, inmediatamente nos remitimos a los irrepetibles Uncle Acid & the deadbeats; aunque en Santiago de Chile desde 2012 existe un grupo que poco a poco a definido su estilo hasta alcanzar una amalgama sonora que logra hacer coincidir los ritmos aletargados del rock obscuro de los años setentas con la psicodelia más lisérgica para lograr hipnosis y éxtasis en un mismo momento. Su nombre es Arteaga...


Originalmente conformados como cuarteto a través de Francisco González en la voz y bajo, Sebastian Morales y Francisco Infante en las guitarras y Francisco Cepeda en la batería, Arteaga trabajó un largo tiempo a través de la prueba y el error hasta que se transformó en un trío, manteniendo a González y Morales en la alineación e incorporando en las percusiones a Domingo Lovera. Dichos cambios provocaron un giro dentro de su estilo, pues de su primer EP de 2015 titulado Vol 1 Agradable donde escuchamos temas fuertes de insistencia marcada, en su segundo material de febrero de 2017 escuchamos melodías pesadas como losas sobre la espalda que encuentran en su densa atmósfera el espacio ideal para sacudir la tierra desde su cimientos. 

Vol II Dios Sol es un animal que repta al amparo de la obscuridad, un cuchillo que entra a la piel y libera el calor de sangre, un tormenta de arena que nubla el horizonte y un aquelarre sensual que desata nuestros más bajos instintos. Las melodías aletargadas como muertos vivientes que se arrastran por las calles abandonadas a la mitad de la noche se confunden con mujeres salvajes que entregan su pecho en sacrificio al maligno. El proto-doom se bifurca hacia los lisérgicos terrenos de la psicodelia como hacia el sendero desértico del stoner, lo que nos lleva a comprobar las influencias de la banda que bien pueden ir desde Beastmaker hasta Fu Manchu, pasando sin duda por Devil's Witches.


Si esta propuesta sonora no los ha obligado a pulsar el botón de play, la estética que acompaña a la banda terminará por convencerlos. Utilizando extractos del cine giallo y serie B de los años setentas, Arteaga logra impactar visualmente a través del misticismo de los rituales satánicos y la sensualidad de las mujeres vampiros y las vírgenes sacrificadas,  salvajes íconos que nos remiten al concepto visual utilizado por bandas como Mephistofeles o Satan's Satyrs. Las musas de Jess Franco y Mario Bava enamoran al espectador mientras la música fluye lentamente hasta inyectar su ácido por las venas. Sangre y torsos desnudos saturan la pantalla mientras los acordes rasposos se internan en los tímpanos bajo una necia melodía que hechiza hasta el embeleso.  


En segundo material de Arteaga reduce la velocidad hasta lograr la sensación de arrastre y letargo, un grillete en el tobillo que por momentos se convierte en una danza frenética ante una hoguera ritual Vol II Dios Sol arranca con una hipnótica y lenta figura de bajo que es seguida por el resto de los instrumentos con el nombre de "Cuicodelia", una crítica a las clases altas a través de una lisérgica melodía que rasga las bocinas, aunque la dosis aumenta gracias a "Chapultepec" y su estridente sonido que sobrevuela lo tétrico. Para suavizar un poco el viaje ácido, la banda nos regala un dulce con la garage "Ruta", tema que nos sube al V8 para cruzar el desierto a velocidad sostenida. Finalmente, el EP cierra con una canción venenosa que le da nombre al disco y que se distingue por su espesa improvisación sonora que nos lleva hasta los mismísimos abismos del averno.

Como prueba al Vol II Dios Sol, compartimos una fuerte píldora llamada "Daga", un tema clavado en un atmosférico riff que nos ahoga en una nube de misticismo y psicodelia densa. El sonido espeso nos envuelve hasta nublarnos el pensamiento, sonidos de baja fidelidad que se permiten jugar con lo oculto, un pasaporte a obscuros parajes que guardan en su interior rituales dedicados al maligno. Los dedos se resbalan sobre el mástil de los instrumentos mientras los cuerpos se entregan a la navaja mientras los tambores marcan el ritmo de una danza macabra que debe ser realizada. La sangre derramada es ofrecida como tributo a las fuerzas ocultas en un suave aquelarre de mujeres desnudas y sacerdotes endemoniados, de las venas abiertas emerge el líquido vital que tiñe de rojo todos los sentidos.


Ya sea en la edición original de la disquera argentina South America Sludge Records o en la versión de la norteamericana  Forbidden Place Records, Vol II Dios Sol nos ofrece una colección de pasmados temas creados a partir de un robusto sonido y melodías narcóticas que logran transportar a realidades alternas y a universos escondidos dentro de los rincones más profundos de la mente. Tras la muralla sonora se resguardan extraños ritos dedicados a los poderes de la naturaleza y a los demonios que los vigilan celosamente. La tierra ha vibrado tras la danza macabra, la noche ha sufrido una ruptura en su tranquilidad y el hombre se ha cruzado el umbral hacia lo desconocido...


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