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viernes, 3 de febrero de 2017

Mamont : extrañando al mamut de un solo ojo


La nostalgia invade las líneas de este espacio, el recuerdo nos lleva a los senderos recorridos por aquel mamut de un solo ojo que nació en una de las ciudades más vieja de la helada Suecia. Sus cuatro jinetes que alguna vez pasearon sobre el lomo del elefante lanudo de grandes colmillos hoy se encuentran separados, han abandonado al enorme y pesado animal en los valles bajos en una muerte segura. Sin embargo, algunos aferrados hurgan en su memoria hasta recuperar los vestigios de las bandas escandinavas más completas dentro del panorama stoner del siglo XXI.

Bajo el nombre de Mamont, cuatro jóvenes de la antigua Nyköping formaron una banda en 2010 con la intención de crear música a partir de la fuerza y la distorsión del fuzz, recuperando al mismo tiempo ese amor por el hard rock setentero que mezclaba la acidez psicodélica, la intensidad bluesera y los vuelos esterares del progresivo espacial. Con la imagen de un mastodonte cíclope como amuleto, el grupo se lanzó a conquistar las frías tundras suecas con su rasposo rock desértico heredero del coloso norteamericano Kyuss.


Las desgarradoras guitarras de Karl Adolfsson y Jonathan Wardsäter corren como pesados V8 sobre el ardiente asfalto de alguna carretera californiana, aunque al pisar el pedal wha-wha  todo se transforma en un lisérgico paseo cósmico donde es fácil perderse entre las estrellas que cubren la noche desértica. El bajo de Victor Wardsäter golpea con toda su gravedad para envolvernos en una pesada atmósfera como si intentara regresarnos al suelo, pero la fuerza e intensidad de la batería de Jimmy Karlsson nos hace buscar algún refugio posible ante el temblor que se despierta bajo nuestros pies.

En septiembre de 2012 publicaron a través de Ozium Records su álbum debut Passing through the mastery door, disco clavado en lo más clásico del sonido stoner noventero y el jamming psicodélico. Sin embargo, el reconocimiento más allá de las fronteras suecas se logró con su EP The valleys below de mayo de 2014, material que nuevamente fue editado por Ozium junto con la reconocida disquera Napalm Records. 


The valleys below es un disco más crudo lleno de riffs sin contemplaciones y tambores cavernarios que dejan sin respiración. Este sonido se logró gracias al trabajo de Jonas Sundström que metió a Mamont en el Goliat Studio para captar el poder análogo que la banda explotaba sobre los escenarios. Sin embargo, este álbum permite por momentos que todo se relaje a través de mágicas exploraciones sonoras que se habían escuchado en el debut de 2012. 

El recuerdo nos lleva al único sencillo lanzado del EP, tema que abre la placa y que simplemente deja impactado a todo aquel que reciba el golpe de la salvaje melodía en los tímpanos. Ritmo sin clemencia que hace rugir a la bestia peluda  y muestra su furia incontrolable, un animal que hace vibrar el suelo arenoso a cada paso y al mismo tiempo nos transporta a galaxias muy lejanas entre colores estridentes y sonidos envolventes. "Airborne" nos eleva hasta lo más alto del cielo para sobrevolar el paisaje desértico, para derribar distancias a toda velocidad y romper con cualquier frontera que busque interponerse en el camino.

Junto con el lanzamiento de The valleys below se presentó en el canal de YouTube de Mamont el video de "Airborne", el cual es una edición hecha por el propio vocalista Karl Adolfsson de distintas grabaciones realizadas durante la gira de la banda por España durante febrero y marzo de 2014. En sus imágenes podemos ver la intensidad que tenía el grupo sobre los escenarios y cómo era su convivencia en los largos traslados con el público y entre ellos como compañeros musicales.Entre distintos filtros de colores, Mamont muestra su poder sonoro y su capacidad de crear fuertes pasajes oníricos entre instrumentos y amplificadores. 


Al poco tiempo de publicado el The valleys below, Karl Adolfsson tomó la decisión de salir de la banda para hacer otros proyectos, dejando sin voz al elefante prehistórico sin voz. El resto de los integrantes de Mamont prometieron conseguir sangre nueva para mantener en el camino a su bestia de grandes colmillos, pero desde entonces nada se ha sabido del grupo.

Aventamos una moneda al pozo de los deseos y pedimos que Mamont regrese y nos comparta nuevamente de su arenosa música. Si la mítica banda Graveyard resucitó de su sorpresiva muerte, ¿por qué no habríamos de guardar la esperanza para que el viejo mamut de un solo ojo vuelva a sus andanzas? Todo es posible en este loco universo, así que nuestro deseo no morirá mientras sigamos disfrutando de los colosales temas que alguna vez nos sacudieron con su peso, y que irónicamente, nos ayudaron a levantar el vuelo hasta lugares desconocidos...


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