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viernes, 22 de julio de 2016

Los Trasgos Muertos : entre duendes, calaveras y guitarras fuzz


Leer la palabra trasgos como nombre de una banda, inmediatamente nos hace buscar en el diccionario o teclear en Wikipedia para saber a qué se refiere. Es así como descubrimos que se trata de unos duendes que forman parte de las tradiciones y mitos españoles, mismos que podríamos relacionar con aquellos que hablan de gnomos, glemlins, goblins o chaneques. El origen de la palabra viene de el que trasgrede o aquel que rompe la ley; pero bien podríamos confundirnos en una primera impresión y creer que hace referencia a tragos de alcohol, y a pesar del error, no estaríamos muy lejos por el gusto al tequila que tienen los integrantes de Los Trasgos Muertos.

A pesar de tener un nombre en español, esta banda es originaria de Manchester, Inglaterra como los demonios beligerantes que corren por sus escuelas de los que habla Morrisey en sus tiempos con The Smiths. Con esta referencia, sin duda podemos escribir que el grupo gusta de la ironía, el sarcasmo y los juegos misteriosos. Túnicas y máscaras forman parte de su vestuario, ilustraciones de calaveras y catrinas sacadas del "Día de muertos" de la tradición mexicana conforman su imagen, líricas extrañas y lúdicas encerradas en un contexto obscuro completan la enrarecida atmósfera que envuelve al grupo... Con todos estos elementos, era imposible dejarlos pasar y no escribir sobre lo que hay más allá de esa portada que muestra a un ser mitológico que nos observa, nos reta y nos intimida.
Bueno, y a todo ésto, ¿quiénes son Los Trasgos Muertos? Ellos se han hecho nombrar como Captain Reed (un viajero sin descanso que toca el bajo y el teclado que además canta, un alma criada en la miseria con la luna como única compañera a través de su paseo por las tierras olvidadas), Von Beek (un caníbal de mirada perdida que vive en el caos como si fuera una fiesta, la guitarra y la voz son sus únicas compañeras) y El Flieshe (el recolector, el maestro de la posesión que ronda el mar del ruido y de la muerte con sus golpes de batería). Tres almas en pena dentro de la tormenta, espíritus vagabundos que buscan escapar del silencio, fantasmas que se han hecho carne para hacerse escuchar entre los vivos.

Estas místicas criaturas que han regresado del umbral de la muerte para ofrecernos cuatro tracks por medio de un EP homónimo publicado en febrero de 2015, cuatro melodías que navegan sobre los mares del garage, el psych y el fuzz con claras influencias de monstruos sonoros del calibre de Ty Segall, Thee Oh Sees, Billy Childish y hasta The Black Lips. Aprovechando un espacio en los estudios Eve de Bredbury, Los Trasgos Muertos grabaron bajo las órdenes de Henry Broadhead y Martin King, aunque la propia banda mezcló y masterizó el material final. 


Para tratar de comprender este extraño cocktail de guitarras distorsionadas, duendecillos perdidos en la obscuridad de los bosques y resurrecciones poéticas, escuchamos el sencillo que se desprendió del disco: "Fire in the sky". Unas extrañas y pequeñitas voces se escuchan cuchichear cerca de nuestros oídos para dar la bienvenida a un riff contagioso de guitarra adornada con fuzz. El bajo acompaña insistente al paso de su compañera y la batería mantiene el ritmo para crear un baile que nos obliga tomarnos de las manos ante una fogata ritual. Un cambio de melodía nos lleva al recuerdo proto-doom y occult-rock al estilo Sabbath, escalas pentatónicas que bajan la velocidad para acompañar un canto inspirado en el fuego que ilumina la noche del que habló Deep Purple en su icónica "Smoke on the water"; pero en la versión de Los Trasgos Muertos nadie se ha salvado, este es un aquelarre donde las almas sin perdón ofrecen un sacrificio a la obscuridad, al misterio y a la muerte.


Con un video de Twisted Edge Films realizado por Scott Thompson, Los Trasgos Muertos promocionaron su "Fire in the sky". En sus primeros segundos podemos observar una tenebrosa iglesia a blanco y negro, pero ya en su interior logramos ver entre sombras un pasillo iluminado que es recorrido por una mujer en un vestido de bodas. Mientras tanto, la banda se ha adueñado del altar y tocan su maldita alabanza a través del poder de sus amplificadores. La novia toma de la mano a su caballero, que él no es un hombre, es la muerte que la escogido para dejar este plano de la realidad. Sangre recorre el bello rostro y ahora un espectro es el que recorre los rincones de la iglesia abandonada.

Los seres de la noche, los espíritus de los bosques, las voces de la obscuridad, Los Trasgos Muertos. Ellos nos han abandonado de nuevo, pero cada noche aguardamos su regreso, un retorno musical que nuevamente nos haga agitar nuestro mortal cuerpo y que, sin más, sacuda nuestras almas mientras recorremos aquel sendero hacia el más allá. Estamos esperando... y ellos lo saben.


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