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lunes, 18 de abril de 2016

Lonely Kamel y su ciudad de mierda


Basura, tráfico, violencia, vicio y polución. Nuestro andar se abre paso ante el horror de un lugar que busca acabar consigo mismo. Calles obscuras y frías, donde el cemento sustituye lo natural y el neón nos hace olvidar las estrellas. Aunque esta ciudad nos haga sentir del carajo, cuando la primavera toca a su puerta, todo se transforma y, al final de cuentas, termina siendo el mejor lugar del mundo...

De esta manera es como abre el cuarto disco de los noruegos Lonely Kamel, una rola que bautiza la placa y suelta los caballos del apocalipsis en una salvaje carrera por los sucios callejones de la conciencia. Shit city es la aceptación de un jodido lugar, no como resignación, sino como un espacio que permite alcanzar nuestros pecados y disfrutar nuestros vicios. Podemos ponernos un "pasón", beber hasta ahogarnos, orinarnos en algún rincón perdido y aun así seguir con nuestro camino de perdición y depravación. ¿Acaso eso no es genial?


No sabemos si Oslo permite esta salvaje espiral de drogas y alcohol que nos relatan Lonely Kamel en el primer sencillo de su disco de agosto de 2014, pero por lo menos en algunas fotos del perfil de Facebook de la banda podemos observar a Thomas Brenna (guitarra y voz) echando unas cervezas en las calles de la Ciudad de México. ¿Acaso habría la posibilidad de ver en vivo a Lonely Kamel en este lado del océano Atlántico?

En lo que esperamos a que se cumpla ese sueño y a que la banda se decida a regresar a los estudios para regalarnos una nueva producción discográfica, disfrutaremos del excelente Shit city, una placa que contiene un 100% de hard rock. El disco pasa del desenfrenado track inicial hasta el hard blues que siempre los ha caracterizado, aunque en esta ocasión, su sonido se endurece más que antes gracias a momentos stoner, desérticos y psicodélicos. En otras palabras, rock barbado de buena manufactura gracias a dejar a un lado el trabajo de producción en los estudios de grabación para preferir una colección de temas mucho más directos y llenos de energía.


La canción que da título al disco es un homenaje directo al Motörhead de Lemmy Kilmister más clavado. La velocidad de los instrumentos, la guitarra vaquera que juega sobre un ritmo que no frena ni un segundo de golpear y una espléndida lírica que rompe con lo establecido y suelta las amarras para disfrutar de los placeres de la vida en una ciudad podrida. Con algunos momentos stoner gracias a la distorsión de los instrumentos, los cuales logran al final crear un muro de sonido infranqueable de sabor ácido, la canción se convierte en un himno para los que desean quebrar las cadenas de lo moralmente correcto para gozar un poco de libertinaje sobre un lugar ya descompuesto.

Los imparables golpes de Espen Nesset de su implacable batería, la profundidad de un bajo que dota de soporte a la melodía a través de las manos de Stian Helle y el fabuloso solo de guitarra de Lukas Paulsen, logran en conjunto cobijar las líricas de Brenna que hablan de desafío y reto. Las bocinas encuentran una saturación sonora única ante las escalas que al fin encuentran un remanso en el término de la canción, pero que con el insistente clamor de una voz que no deja de gritar que esta ciudad es un asco, sólo podemos pensar que la música y el vicio nos podrán hacer ver este terrible lugar con otros ojos.


Este cuarteto de vikingos acompañaron la publicación de su cuarto disco con la presentación de un video con las letras del primer sencillo. Las imágenes que acompañan a las líricas de "Shit city" es una colección de dibujos que forman parte del arte del propio disco, mismo que fue hecho por Vance Kelly, quien ha realizado trabajos para The Graviators y para The Sword. Es así que podemos observar entre las palabras la ilustración que sirve de portada al disco, conformada por una tétrica ave de pico abierto y ojos penetrantes, ramas secas que denotan desolación y una especie de cráneo zoomorfo que recuerda sacrificios; además del dibujo que sirve para ilustrar las etiquetas del vinil o el disco compacto, el cual muestra una mosca como símbolo ideal para la "ciudad de mierda".


Pisamos el acelerador a fondo y corremos por las avenidas de este asqueroso lugar. Quizá la suerte no esté de nuestro lado, pero sólo queda esta vida para disfrutarla sin reservas ni ataduras. Esta ciudad nos hace sentir como una mierda, pero aún así, este es el mejor lugar. Aquí estamos y no vamos a permitir que nos ahogue en su porquería. Un trago, una fumada, un sueño, un guitarrazo...   ¿acaso existe otra cosa que hacer?




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