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lunes, 11 de enero de 2016

David Bowie: una despedida al camaleón


Los cambios conllevan riesgo. La transformación no es aceptada con facilidad y causa reserva, recelo y terror. Pero el verdadero artista deja a un lado su personaje para pasar a la siguiente faceta, intercambia la careta y asume con todo el peso y las consecuencias el siguiente paso. Género a género, máscara a máscara y disco a disco... ¿quién podrá igualar a un espiral en constante giro como lo fue David Bowie?

Los titulares de los diferentes medios hoy nos despertaron con un fuerte temblor: el camaleón había muerto. Las lagañas son arrancadas de los ojos con la esperanza en que el sopor del sueño fuera el culpable de un malentedido, pero la realidad nos golpea en el rostro como el frío viento de la mañana. El hombre multifacético que supo mirarse a sí mismo para enfrentar la presión y no irse con la corriente había fallecido tras una batalla con el cáncer. 


¿Cómo puede ser digerida una noticia tan fuerte? ¿Acaso existe algún paliativo para sacudirse la idea de la desaparición del hombre que había bajado de las estrellas, vendió el mundo y se convirtió en un héroe? La pequeña maravilla se habría enfrentado al tiempo, pero su muerte lo pone más allá de cualquier cosa. Siempre con un paso adelante, el camaleón tuvo la capacidad de ser un visionario y sortear cualquier tendencia venidera; aunque lo verdaderamente sorprendente, es que Bowie tuvo la capacidad de componer temas imperecederos más allá de las modas.

Es obligatorio repasar su discografía para encontrar nuevamente en su obra el maravilloso poder que tuvo el duque blanco para hablarnos sobre los sentimientos del hombre y su enfrentamiento con la trágica realidad y lo mágico del universo, haciéndonos entender que a pesar de los distintos rostros que se puedan mostrar ante el mundo, el interior termina siendo el mismo. Él fue Major Tom, Ziggy Stardust, Aladine Sane, Poncio Pilatos, el Rey Goblin... Bowie fue todos y uno a la vez, gritándole a la realidad que la imagen puede enfrentase a ella para gritarle a la cara su inconformidad y desazón.


Con un personaje con el que la transformación fue parte de su esencia, las anécdotas nacen como racimos. Cuando han dejado este plano de la realidad, la imaginación corre sin freno para aferrarse a los recuerdos sobre historias que nos cuentan cómo aquel hombre se convirtió en un ser tan especial, no sólo para los seguidores de sus obras, sino para sus amigos y compañeros. Aquí van algunas...

David Robert Jones fue un niño enamorado de la música gracias a los disco de 45 rpm que su padre traía a su casa. En un intento por acercar al introvertido muchacho en el mundo, sus padres le regalaron un saxofón. Fue así que David se acercó al conocido jazzista británico Ronnie Ross para que le enseñara a tocar, diciéndole: "quiero aprender a tocar y quiero que tú me enseñes... quiero ser un rock star". Tras varios años, Bowie invitó a Ross a colaborar en la grabación del Trasformer de Lou Reed. Al término de las sesiones, Ross agradeció la invitación, pero Bowie terminó siendo el agradecido. El saxofonista no había reconocido a aquel chamaquito que había prometido que sería un rock star y lo había logrado.


Existen muchas leyendas sobre la extraña mirada del camaleón, desde las que van a una degeneración congénita hasta un origen extraterrestre. La historia real cuenta que cuando Bowie tenía catorce años se vió envuelto en una pelea con su amigo George Underwood por una discusión sobre mujeres. Un de los golpes cayó directamente en el ojo izquierdo de David, provocándole un daño irreversible en su córnea. Bowie se quedó con la pupila permanentemente dilatada, provocando el efecto de tener cada ojo de color distinto. 

Uno podría pensar que tras la pelea, Bowie se separaría de Underwood. Más lejos ello de la realidad, los jóvenes mantuvieron una larga amistad que se trasportaría al plano profesional. Ambos formaron parte de una banda llamada The King Bee, con la cual Bowie grabaría su primer sencillo profesional para la disquera Decca. Asimismo, George Underwood se volvió artista gráfico y participó en la imagen del camaleón para el diseño de los discos Hunky Dory y Zyggy Stardust.


Una serie de éxitos llegaron a las manos de Bowie gracias a su capacidad compositiva y su sensibilidad para tocar las fibras más profundas del ser humano, logrando componer odas sobre las alegrías, los temores y las pesadillas que cualquiera ha vivido. Fue así que a nuestros oídos llegaron himnos como "Space Oddity" (tema que fue utilizado por la BBC para música de fondo para las trasmisiones de la llegada del hombre a la luna durante 1969), "The man who sold the world" (canción que refleja el desencanto ante los ideales sesenteros y la pesadez del sórdido futuro en plena guerra fría, la cual sería recuperada por Nirvana en las últimas presentaciones de Kurt Cobain), "Ziggy Stardust"( hit roquero que recuperaba la esencia espacial para aterrizarla en los horrores de la escena musical de Gran Bretaña y la soledad del artista en contraste con el éxito y la adulación de los fanáticos), "Rebel, rebel" (un monótono golpe de guitarras que enfrentan la supuesta rebeldía contra lo establecido), "Heroes" (una oda a la recuperación de sí mismo ante la fragilidad de los sentimientos humanos, aunque sea por un solo momento), "Under pression" (un clásico instantáneo al unir su calidad musical con el poder interpretativo de Queen en un momento donde el bache artístico era claro gracias a la lógica comercial ochentera), "China girl" (la recuperación de un tema hecho por Iggy Pop en la época berlinesa), "Little wonder" (un regreso a los seres espaciales bajo la lógica artificial de sonidos jungle y electrónicos sobreimpuestos a melodías sencillas) o "New killer star" (un hologramático reflejo sobre la realidad y la visión del nuevo siglo de un artista vanguardista ante una época que lo había alcanzado sin remedio)


Su obra no puede ser reducida sólo a sus discos. Su relación con el mundo de la música pasó más allá de sus propias composiciones, ya que su imaginación y gran oído lo convirtió en un gran  colaborador, músico invitado y productor. Aquí es obligatorio recordar los grandes trabajos que realizó con Lou Reed para el Tranformer  de 1973 y con Iggy Pop en su época de reclusión y escape de las drogas en Berlín, donde grabaron los discos The Idiot y Lust for life de 1976 y 77, respectivamente.


Obviamente el recuerdo nos obliga a traer a la mente las participaciones del camaleón con gente de la talla de Mick Jagger y los Rolling Stones (¿Alguna vez podremos saber si realmente "Angie" fue compuesta para la esposa de Bowie  o para la hija de Keith Richards?), Marc Bolan (era tal la amistad y admiración que ambos artistas tenían entre sí, que en varias ocasiones intentaron grabar juntos y componer, pero todo quedó en "The prettiest star" que Bowie le dedicó al guitarrista de T. Rex, además de la presentación del camaleón en el último programa de televisión de Bolan en vida, antes que falleciera en un terrible accidente automovilístico), Queen (el éxito arrollador de "Under pressure" podría ser cuestionable con la calidad que la banda y el cantante tenían en el momento que publicaron dicho sencillo), Pixies (la admiración del músico inglés por la banda de Boston era tal que lo llevó a realizar un cover a "Cactus" en su disco Reality) o Nine Inch Nails (tras el elaborado sonido del album conceptual 1.Outside creado junto con Brian Eno, Bowie optó por presentarlo en vivo junto con Trent Reznor y su banda en la gira de 1995).



Sin lugar a dudas, cuando hablamos del delgado dique blanco, debemos abrir la caja de los recuerdos para escuchar las guitarras que lo acompañaron durante su carrera. Para ello, nos referiremos a tres leyendas especialemente: 1) Mick Ronson, músico inglés que forjó el sonido glam de Bowie a través de la famosa banda "The Spiders from Mars" que fue creada para el concepto de Ziggy Stardust, donde su guitarra Gibson Les Paul sonaba cruda como un rayo cosmico chocando contra la estratósfera; 2) Robert Fripp, el legendario guitarrista de King Crimson que puso sus mágicos dedos sobre el Heroes  de 1977 para dotar de un halo místico y etéreo a las composiciones minimalistas de la época introspectiva de Bowie en Berlín; y 3) Carlos Alomar, guitarrista de origen puertoriqueño que con su toque funky rompió el sonido glam que tenía Bowie a principio de los setentas para crear joyas como "Fame" del Young americans, la trilogía de discos concebidos en Berlín y el menospreciado Scary Monsters de 1980.


El hombre de las estrellas apagó su luz sobre la realidad terrestre, pero su legado ilumina el obscuro firmamento para hacernos recordar que el riesgo debe tomarse para crear y hacer cosas completamente nuevas y hermosas. Él nos espera en el manto estelar, haciéndonos recordar que debemos soltar a nuestro niño interno para que juegue, invente, use y pierda su mente en un canto y baile que lo lleve a expresar todas las posibilidades que tiene en su interior, a olvidarnos del miedo por experimentar y ser todo a la vez, a permitir que los sentimientos ahogados en nuestros adentros aflore sin vergüenza alguna...



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