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jueves, 14 de enero de 2016

Cauchemar: el reptar indeseable de la salamandra


El aliento de las tinieblas abren las puertas de fuego mientras una sombra sale del mar para observar el universo. Una vieja voz anunció a través del sueño la llegada de un rey, una antigua serpiente embriagada de sangre que nace con el amanecer. El destino está deshecho y sólo queda cavar en silencio nuestras propias tumbas. La salamandra ha despertado...

Las guitarras marcan el reptar del ser indeseable. Todo se agita a su paso y sólo queda seguir el acelerado ritmo que habla de sangre y desolación. Bajo el sopor de un canto lleno de embeleso, caemos bajo su hechizo. La resignación se apodera de cualquier atisbo de pelea y respuesta. El destino está marcado por los designios del maligno y únicamente nos queda presenciar el sangriento espectáculo.


Enmarcados en la adoración del doom clásico setentero y algunos destellos de NWOBHM, Cauchemar nos habla de seres malditos que salen de sus obscuros escondrijos para postrar sobre la tierra sus perversas intenciones. Líricas como estas nacen directamente de las pesadillas nocturnas de unos canadienses que buscan regresar al metal a sus orígenes más densos y perversos, logrando crear atmósferas perfectas para sus lúgubres historias.

Esta banda originaria de Montreal, Québec encuentra sus raíces en el ya lejano 2007 cuando Annick Giroux y Francois Patry unieron sus talentos para formar un grupo donde pudieran expresar su amor por el doom. Con un arsenal de riffs de guitarra bajo el brazo, Patry comenzó a componer estructuras musicales que poco a poco fueron tomando forma. Annick tenía a su cargo el bajo eléctrico, pero al tomar la responsabilidad de las voces, el dúo se dió a la tarea de reclutar diversos músicos de la escena de su país para completar la banda.


Tras el desfile de músicos, Annick le ofreció al guitarrista de Bastardator para que se uniera al grupo, pero el puesto ofrecido sería el de la batería. Fue de esta manera que Patrick Pageau se integró a Cauchemar y lograron meterse a los estudios para grabar su EP La vierge noire en 2010. Gracias al reconocimiento de diversos medios, la banda obtuvo espacios para mostrar su concepto y cerrar un contrato con Nuclear War Now! Productions.

Si es de llamar la atención el amor del heavy metal clásico al estilo de bandas como Pagar Altar, Witchfinder General, Pentagram y Saint Vitus, Cauchemar nos ofrece un abanico de horrores narrados por medio de su idioma propio: el francés. Así como lo hicienran en su momento bandas legendarias del metal como Vulcain o Blaspheme, la banda canadiense busca su nicho propio a base de líricas hechas en la lengua de Víctor Hugo y Balzac. 


Con los reflectores comenzando a iluminarlos, Cauchemar regresó a los estudios en enero de 2013 para grabar lo que sería su primer disco completo bajo el título Tenebrario, el cual sería publicado en junio del mismo año. Si el sonido de la banda en su primer EP era más agitado y fuerte, para esta placa el grupo buscó bajar las revoluciones con la intención de llenar de ambientes obscuros las bocinas gracias a un sabor analógico de amplificadores Orange y una marcada nostalgia por el doom clásico más clavado. 

Para el Tenebrario, los golpes de batería asemejan una marcha fúnebre, pasos secos de pies encadenados que no encuentran salvación. La guitarra eléctrica se vuelve prístina con la intención de convertirse en la luz que guíe sobre la eterna noche que logra cada una de las melodías. El bajo creado por Andrés Arango (chico que se volvería integrante formal de la banda) busca acompañar las notas líricas, pero dentro de su gravedad logra envolver al escucha bajo un manto lúgubre ideal para las letras. Quizá podríamos encontrar el punto débil en la monotonía vocal de Annick Giroux, sin embargo ese lamento plano de recuerdo casi gótico es el que precisamente crea la atmósfera de ansiedad y densidad que la banda busca con su obra, un tenue clamor en una eterna noche que no encuentra salida.


Gracias al Tenebrario, Cauchemar logró completar su concepto musical y ganó el reconocimiento de los medios especializados. No contentos con ello, la banda se lanzó a una gira de promoción de la placa por Estados Unidos y parte de Sudamerica, llegando a tocar con gente importante como los propios Pagan Altar, Hawkwind, Kadavar y sus compatriotas Blood Ceremony, con los que tienen una cercanía muy estrecha gracias a la escena musical que comparten (de hecho, la propia Annick participó el diseño de arte de algunos discos de Blood Ceremony, como el homónimo de 2008 y el The Eldritch Dark de 2013).

La canción que recuperamos de esta álbum es "Salamandre", un puente directo entre el NWOBHM del EP debut y la profundidad sonora y aletargada del Tenebrario, con la que podemos darnos una breve y sencilla idea de lo que son capaces estos canadienses en los escenarios. Sus guitarras con sabor oriental lograr hacernos imaginar a algún ser misterioso salido de las aguas pantanosas, el cual avanza sigiloso hasta dominar todo a su alrededor. Una vez que la salamandra se ha postrado, quizá lo mejor es huir del lugar a toda prisa bajo una endemoniada carrera sin control. El ritmo se acelera en un tributo directo a aquellos dioses metaleros de finales de los setentas, aunque un lúgubre puente en la parte media de la canción acusa de recibida la factura doom que es innegable en el sonido de Cauchemar.


Ahora que han pasado ya tres años desde la grabación del Tenebrario, en este momento tendremos la oportunidad de apreciar en vivo a Cauchemar en México, ya que realizarán una rápida gira a finales de enero de 2016 bajo la lógica de presentaciones en un circuito de pequeños lugares, entre los que destacan el "Gato Calavera", ubicado en la colonia Roma de la Ciudad de México. Por si fuera poco, los canadienses vienen acompañados de sus paisanos Metalian (banda de power metal muy al estilo de la vieja escuela de los alemanes Helloween) y los mexicanos Voltax (grupo de heavy metal que se encuentran a la mitad del camino entre Judas Priest y Los Ángeles del Infierno).


Los malos sueños azotan la noche del hombre, la maldad busca alguna grieta perdida para filtrase y llenar de ponzoña la tranquilidad de la vigilia. Esta es la salamandra que al despertar el hombre muestra su careta de horror, sangre y muerte. Esta pesadilla es una de las tantas que están dentro de los bolsillos de Cauchemar, banda que a través de la obscuridad encuentra la forma de dar nueva luz al metal clásico sin dejar a un lado su lengua propia.


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