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viernes, 27 de noviembre de 2015

Purple Hill Witch : criaturas eléctricas que cabalgan en el horizonte de los sueños


Cada día nos enteramos más de la existencia de muchas bandas que están surgiendo con la intención de hacer la música que les gusta, sin importar la moda o las tendencias implantadas en los medios de comunicación convencionales. Gracias a las redes sociales, llegan a nuestros oídos las producciones de nuevos grupos desde distintas latitudes del planeta, mucho antes de que puedan ser distribuidos o, en la mayoría de los casos, ni serán publicados en forma física en el lugar donde nos encontramos. En esos días de pesca en la mar de la información electrónica, tuvimos la suerte de que cayera en nuestro anzuelo el álbum debut de una joven banda noruega que a su vez nos enganchó a nosotros con su enigmática portada: Purple Hill Witch.

Cinco misterios personajes ataviados con sendas túnicas se reúnen alrededor de una extraña fogata mientras ésta se eleva hacia un manto estrellado, donde la luna sirve de único testigo. El nombre de la banda corona la imagen y nuestro interés ha sido captado. Navegamos en pos de algún dato que nos informe sobre el hallazgo recién desenterrado y nos encontramos con un power trío originario de Oslo que en junio de 2014 publicaron esta placa. Las recomendaciones son amplias para un público que espera doom y stoner.


Unos cuantos clicks y nos encontramos con la oportunidad de escuchar las primeras notas del disco entero. En la era de la inmediatez y del desecho fácil, enfrentarse a una producción conformada por siete tracks que en promedio duran más de cinco minutos, se convierte en un reto para los oídos precoces y nerviosos. Sin embargo, un bajo distorsionado de melodía aletargada abre las expectativas para aquellos que rascan en las desérticas arenas en búsqueda de agua fresca que les salve de la insolación mental. La colina morada es el anhelado oasis, un espejismo hecho realidad. Hechizados irremediablemente, caemos rendidos a los pies de aquella malvada bruja que se llama música.

¿Pero quién carajos son estos tipos?

Poco a poco, Noruega se ha convertido en un semillero de nuevas bandas, que con el resto de Escandinavia, ha construido una fuerte escena para el metal, y en especial, para los ritmos de la perdición del doom.  Las atmósferas lentas y pesadas han atrapado la tierra de los vikingos hasta transformarla en un lúgubre espacio para el nacimiento de grupos extasiados por los riffs graves y las letras obscuras y místicas. Aquí es donde encontramos a Purple Hill Witch.

La banda se formó durante 2010 en Oslo a través del encuentro de tres jóvenes, que con sus distintos gustos musicales, construyeron su sonido hasta llegar a lo que son el día de hoy. Por el puro gusto de tocar, el trío se metió a los cuartos de ensayo para realizar largas sesiones de jam con la intención de conocerse como músicos y conformar una buena banda. Purple Hill Witch es un verdadero combo metalero que termina convirtiéndose en un grupo de doom aderezado con stoner y acidez psicodélica.



Tras varios años de trabajo y experiencia ganada en los escenarios al tocar cada integrante con distintas bandas, el grupo noruego decidió meterse en los estudios de grabación y probar suerte con un EP de dos rolas grabadas para The Church Within Records durante 2013. Este es el árbol genealógico del que bebe esta promesa nórdica:

Andreas Schafferer se encarga del bajo eléctrico. A pesar por su gusto por el “metal-groove”, él forma parte de la banda de doom psicodélico Spectral Haze, con quienes presentó el disco I.E.V.: Trasmutated nebula remains durante 2014. Su sonido está construido a partir de un clásico bajo Rickenbacker, un cerebro Orange y bafles Ampeg de donde podemos escuchar un amplio bagaje de efectos wah y graves distorsiones.


Oyvind Kvam es el baterista de la banda, además de alternar con Condor y con Mabuse, grupos que se mueven alrededor del trash y death metal. La fuerza y su potencia son mediadas con la lúgubre sobriedad de Purple Hill Witch, pero en ciertos momentos podemos escuchar su kit Tama o Ludwig con toda la capacidad que tiene en sus brazos y piernas.



Las voces y la guitarra eléctrica están a cargo de Kristian Ingvaldsen, quien además de tocar con Purple Hill Witch, es el guitarrista principal de la banda de heavy metal Flight quienes apenas en octubre de 2015 presentaron su álbum debut homónimo con el que están llamando la atención de los amantes del hard rock de los 80 y el NWOBHM. Por si fuera poco, también se integrado como músico invitado para las presentaciones en vivo de Condor junto con Kvam. Su equipo está conformado por sendos amplificadores Marshall y su guitarra Jackson Flying V.


Gracias a la buena recepción que el EP Alchemy tuvo, sumado a su participación como grupo abridor de los finlandeses Lord Vicard a través de sus presentaciones en Europa, el dueño de  The Church Whithin Records, Oliver Richling, animó a la banda a regresar a los estudios para grabar un álbum completo con las rolas que habían montado en los últimos dos años. Fue así que con lo grabado en los Caliban Studios a principios de 2013 y un largo proceso de edición con las voces, Purple Hill Witch logró presentar su disco debut en junio de 2014,  un trabajo a cargo de Erik L. Dudek en la grabación, mezcla y masterización del material.

El concepto

¿Cómo podríamos hablar del concepto de un álbum el cual fue trabajado a partir de las jam sessions? A pesar de lo increíble que parezca, una vez definidas las estructuras musicales que dieron forma a cada canción de la banda, el trío noruego se dio a la tarea de buscar una coherencia a las líricas que acompañaran a sus melodías. Todo gira alrededor del mundo de los sueños, el viaje mental y la búsqueda interna que nos arrastra a un ácido recorrido donde podemos observar misas negras, colisiones estelares y mundos fantásticos sacados de mágicos cuentos infantiles nórdicos.


El poder del fuzz que sirve de puente entre el doom y el stoner nos toma de mano para realizar el despegue hasta un plano astral donde la mente se pierde y termina sin poder diferenciar en la realidad y el mundo onírico. Ya sea en los sueños, en un viaje psicotrópico generado por drogas sintéticas o por el simple hecho de cerrar los ojos, podemos encontrarnos con esa mancha luminosa que nos sumerge en un misterioso universo de perdición. Ésa es la bruja de la colina morada, aquella que con su hechizo nos extravía en lugares desconocidos y obscuros sin salida.

Tras un largo recorrido donde el alma y nuestra mente han sufrido un extraño encierro, la única posibilidad de escape la encontramos en nuestras propias manos. Abrimos los ojos y nuevamente estamos en el mundo real. Sin embargo, ¿cómo podemos saber si de verdad nos hemos escapado de su maldito encantamiento? Cada noche, cada parpadeo y cada viaje se convierte en una duda, en un temor y en un eterno encierro.



Canción por canción

Queen of the hill: Caminando sobre el viejo y retorcido sendero de los magos inmortales para encontrar la tierra de la reina morada, la mujer maldita, la bruja. La última fuente de luz se pierde mientras el camino baja cada vez más. Criaturas eléctricas se observan en el horizonte hasta que se acercan para tomar mi mano para llevarme a través de las sombras a la colina sagrada. El veneno inunda las venas mientras escuchamos su encantamiento maldito. Encerrados en una fría celda de piedra, ahora sé que soy su esclavo por siempre… Un denso bajo entona un riff de aletargado paso. A su tétrica marcha se suman la guitarra haciendo una misma melodía y una batería que marca el ritmo. Hacia la mitad de la rola, la velocidad aumenta en una desenfrenada danza donde un bajo perdido en fuzz y wah se convierte en una delicia. Tras el agitado puente, la melodía regresa a su paso lento, en un recuerdo muy cercano al sonido del clásico “Electric funeral” de Black Sabbath, aunque el efecto del bajo se acerca también al “Dragonaut” de Sleep. Mística lírica que nos hipnotiza con su melodía y la lenta marcha de los instrumentos que nos lleva cada segundo más adentro del lúgubre abismo que se convertirá en nuestra prisión, rendidos a los pies de la obscura mujer.


Astral booze: Amigo, entra y tómate un trago para observar un giro del universo, dale una calada al amanecer de los tiempos. Los planetas se alinean mientras las estrellas nacen y mueren. Agujeros negros desean engullirnos mientras el tiempo pasa a la velocidad de la luz. Este elixir lleva a tu alma a un viaje estelar, hasta que una vez emborrachados astralmente, bailemos hasta la muerte… El ruido comienza a salir de los amplificadores mientras escuchamos acordes muy stoner acompañados de una melodía fuertemente influenciada por el Ozzy Osbourne de sus épocas con Black Sabbath. Desde las profundidades de su sonido, se logran escapar algunos solos de la guitarra de Kristian Ingvaldsen, los cual se encuentra encadenados a su influencia heavy metal, pero que finalmente bajan la intensidad para respetar el “mood” de la rola. El efecto wah-wah en el ácido bajo de Andreas Schafferer es el que logra convertir la canción en un viaje cósmico, pero su fuzz nos lleva al recuerdo de bandas más densas como Electric Wizard (reseña), Uncle Acid & deadbeats (reseña) o hasta Church of Misery (reseña).


The final procession: La marcha fúnebre se encamina hacia la misa negra de una ancestral galaxia a través de un reino de enfermedad. Dentro de una lenta implosión, todos sabemos que no hay regreso una vez atravesada la frontera de la realidad. Todas las iglesias y los templos sagrados se quemarán por siempre en un infernal fuego. Bendecidos por las fuerzas malignas, dejamos atrás el mundo y las mentes sin reposo. Sepultura o agujero negro, no importa el nombre, la maldad se ha postrado sobre nosotros una vez iniciado el ritual  y todo será devorado para dar paso algo nuevo… Acordes de guitarra entonan una lánguida marcha fúnebre que a su paso nos va hipnotizando hasta llevarnos a la perdición. El muro sonoro que logran al combinarse la guitarra y el bajo no pueden tener otro nombre que doom. Una vez en el pozo de la perdición sería muy difícil escapar de él, pero siguiendo los cánones del género, la melodía sube de intensidad en un orgasmo melódico que nos hace explotar la mente. Esta rola fue enviada a Kristian Valbo, baterista de las bandas Obliteration y Spectral Haze, para que realizara la portada del disco, quien captó la esencia del mismo con una sola canción. Al término de la lúgubre rola, de la nada surge una improvisación de bajo que es acompañado por la batería en un obvio tributo a “N.I.B.” de Black Sabbath, obligándonos a comparar a Andreas Schafferer con Geezer Butler.

Karmanjaka: Luego de cruzar las desérticas planicies y pasar a través de la catarata de Karm, podemos observar al malvado Tengil cabalgar sobre su obscuro corcel. El tirano sopla en su mágica trompeta un encantamiento que logra despertar a la dragona Katla, quien termina esparciendo el terror sobre los habitantes de Törnrosdalen. Desde su castillo en Karmanjaka, el temible Tengil hace caer su ira sobre una mística tierra que ahora es bañada en sangre y fuego… Obscuro hard blues que recuerda los orígenes del doom nacido de la lúgubre mente de los eternos Black Sabbath. La distorsión de la guitarra se enfrenta contra un bajo en fuzz que entona la misma melodía. Desde el fondo de los abismos sale un solo de guitarra lleno de electricidad y misticismo que termina ahogado en sí mismo. Densa rola que termina acercándose al profundo stoner de la mítica banda Sleep. La letra de esta rola está basada en el controvertido cuento infantil “Los hermanos Corazón de León”, escrito por la sueca Astrid Lindgren y publicado en 1973 donde se narra la historia de un par de hermanos que llegan a Nangijala, un mundo después de la muerte. Dicho lugar está controlado por un tirano llamado Tengil, quien domina el lugar gracias a su ejército y a una dragona de nombre Katla, la cual es controlada a través de una trompeta mágica. Karmanjaka es un lugar desolado y obscuro de Nangijala donde se encuentra el castillo de Tengil. Katla se encuentra encadenada en una gruta cerca de la catarata de Karm y sólo sale de su encierro cuando Tengil la utiliza para atacar a la gente de Törnrosdalen (El valle de las rosas espinosas) en su intento de conquistar todo Ningijila. El bajista de Purple Hill Witch, Andreas Schafferer, subió a su cuenta de YouTube el audio de la canción acompañado por algunas escenas de la versión fílmica del cuento de Lindgren, la cual fue dirigida por Olle Hellbom en 1976 y que utiliza paisajes de Islandia para representar la lúgubre Karmanjaka.


The landing: Estamos en un viaje hacia lo desconocido, hacia un lugar que ningún hombre ha visto. Mientras los árboles sonríen, nuestra mente comienza a conectar los puntos entre lo correcto y lo erróneo. En este estado, pensamos en todas esas cosas que deseamos decir mientras observamos a la gente a nuestro alrededor. Ante la iluminación que nos deja abandonados, lo único que podemos pedir es comprensión y entendimiento para saber qué es la vida… Con el pedal del fuzz hasta el fondo, el bajo marca la pauta para una melodía ácida que puede hacer agitar las cabezas sin reclamo alguno. Con un sonido que logra una mezcla entre el Sabbath más denso, el Electric Wizard más clarificado y el pago por uso de suelo a Lord Vicar, Purple Hill Witch busca aterrizar sus influencias en una rola que habla sobre el temor de encontrarse con su propia verdad ante un mundo que impone su realidad. Vale la pena resaltar que casi al final de la rola podemos escuchar sobre una tormenta de notas de un furioso bajo se escucha un hermoso solo de la guitarra de Kristian Ingvaldsen, donde podemos descubrir su esencia heavy metalera sobre la densidad doom y la acidez más profunda de la psicodelia que distinguen a la banda.


Aldebaranian voyage (Into the sun): prendemos nuestra mirada al manto estelar y nos encontramos con la hermosa Aldeberán, la estrella más brillante de la constelación de Tauro. El “ojo del sur” nos invita a un paseo cósmico mientras esperamos que la famosa sonda Pioneer 10 llegue a él con su mensaje, aquella placa que dice quiénes somos y dónde nos encontramos… Melodía que originalmente fue pensada como introducción para alguna rola o para la entrada del disco, pero por su extensión, terminó siendo una pieza instrumental completa. Esta rola es una de las tantas improvisaciones que hizo el grupo mientras construía su concepto musical y que nos muestra la forma de trabajo de la banda: algún miembro presenta un riff inicial y sobre él comienza el jam, permitiendo que él mismo tomo su ruta hasta encontrar un feliz destino (tal y como la historia de la sonda Pioneer 10, que tras cumplido su objetivo principal de captar a Jupiter y Neptuno en los años setenta, se dejó que siguiera su camino en dirección a Aldeberán, estrella a la que llegará en 1,690,000 años).

Purple Hill Witch El sendero me lleva hacia abajo, hacia aquel lugar donde puedo observar a un encorvado chamán quien me pide que cierre los ojos y caiga dentro del sueño. El ojo de Orión me habla de malos designios, de malos sentimientos que me rodean por completo. Alejado de la realidad y tras un repentino golpe de gravedad, me encuentro en una colina morada, tendido sobre el lecho de una bruja. Sin embargo, nada ha sido real, todo está en mi cabeza. He logrado despertar, estoy en casa… Las notas se resbalan sobre los mástiles en una danza mística, como un suave viaje que nos lleva a la misteriosa colina que nos han relatado cada una de las canciones del disco. Antes de que cumplan los tres minutos de canción, la banda nos toma de la mano para un fuerte viaje ácido entre clavados solos de guitarra que compiten con un cúmulo de notas distorsionas de un bajo insistente. La batería golpea sin cesar marcando los juegos de la improvisación, en un claro ejemplo de lo que es la banda. El bajo cambia de melodía y todo se sumerge en un pantanoso ritmo donde una tétrica armónica nos da la bienvenida. La guitarra eléctrica toma nuevamente el control y poco a poco bajamos más a las profundidades de un mundo obscuro. Esta épica canción de más de once minutos fue la primera rola hecha por la banda, de la cual tomaron su nombre para bautizar al grupo; pero gracias a su denso sonido y su larga extensión, se decidió utilizarla como espectacular cierre del disco.


Cerremos los ojos y sumerjámonos en los 46 minutos del onírico y cósmico viaje que Purple Hill Witch nos invita a realizar con su álbum debut. Doom, stoner y psicodelia se encuentran en un mágico universo que puede perder a quien decide internarse en sus paisajes sonoros…


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