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lunes, 5 de octubre de 2015

En versión lunática: Firelord y el niño de la tumba a la italiana


Dentro de la serie de bandas que están recuperando el sonido stoner en Europa y lo están mezclando con el hard rock setentero y el doom ochentero, encontramos a Firelord, un grupo originario de Turín, Italia. Con una mezcla de ritmos herederos de bandas como Black Sabbath, Saint Vitus, Wino, Earthride y Back Label Society, el grupo es un combo sonoro que ha dado de qué hablar en los espacios especializados al género.

Firelord nace de deseo de Mario Bussini de formar una nueva banda tras la desintegración en 2007 de Saint Judas, un grupo que se movía en el doom metal; con la intención de mantener su base sonora y de mezclar su gusto por el sonido retro que estaba invadiendo Europa en esos años. Con una voz raspada y sus guitarras agitadas de grandes solos ahogados en fuzz y metal zone, Mario buscó establecerse como referencia a la música pesada al norte de Italia.


Precisamente uno de los músicos que se unieron al proyecto de Bussini fue el baterista Guilio Buscaglione, quien se ha mantenido fiel a la idea de la banda. Velocidad y fuerza lo distinguen, haciendo un complemento perfecto para el líder de Firelord.


Muchos músicos han desfilado por el grupo, cambiando la formación según la cantidad de miembros que conforman la banda en cada momento; pero fue hasta 2013 que Firelord se definió como un power trío y Mario Pappano se quedó como su bajista.  Con un poderoso sonido grave de sabor desértico, Mario ayudó a darle cuerpo al concepto melódico de Bussini.


Con esta formación, la banda publicó en noviembre de 2013 su primer disco llamado Among the snakes de manera independiente. Con una portada que lleva la ilustración hecha por el artista Danielle Pasquetti, podemos observar una calavera que se quema rodeada de serpientes, una imagen que inmediatamente hace voltear la mirada hacia la tapa. De esta placa rescatamos "Children of the grave", rola original de Black Sabbath.

Con el sonido atascado derivado de la fuerza de sus instrumentos que guarda en todo el Among the snakes , Firelord acelera la velocidad original de "Children of the grave" para apropiarse de la canción, pero sin cambiar la estructura de la misma. Una guitarra llena de fuzz marca el ritmo y a ella se incorporan una batería y un bajo que completan el salvaje muro sonoro que busca construir la banda. La voz de Bussini rompe con el tono agudo de Ozzy Osbourne para dotarle a la versión un sabor más agresivo. Un bajo distorsionado lleva la melodía con gran volumen, dejando a la guitarra el eco de su efecto sonoro en cada línea, dejando a un lado el clásico "bending" de Iommi. Los platillos de la batería de Giulio se escuchan con una gran claridad que nos permiten apreciar la calidad de su interpretación. 

Digno de rescatar es el solo de guitarra de Bussini, el cual hace una versión totalmente distinta a la de la rola original, mientras la base rítmica no se queda en una solo nota como lo hizo Black Sabbath, sino que guarda las figuras del cambio que hace la melodía al final de cada estrofa. Esto hace que el oído ponga atención en el sonido que sale de las bocinas debido al cambio realizado en el clásico.


Para poder apreciar el trabajo realizado por esta banda italiana, es necesario regresar a los orígenes y revisar lo que hizo Black Sabbath. "Children of the grave" fue publicada en agosto de 1971, incluída en el Master of reality, tercer disco del grupo inglés. Siguiendo la línea lírica del Paranoid con rolas como "War pigs" y "Electric funeral", "Children of the grave" habla de otro de los horrores que se viven en las guerras de la era nuclear: la matanza de niños. Bajo una idea pacifista concebida por Geezer Butler, la rola hace escuchar a los infantes como si sus voces salieran desde ultratumba, encaran a los hombres que pelean entre sí y que poco a poco dejan sin un lugar dónde vivir y aniquilan un posible futuro.


Esta canción se convirtió en un verdadero clásico de Sabbath gracias a su agresivo ritmo y a los cambios de su línea melódica gracias a los golpes de guitarra al término de cada verso y a las notas alargadas y misteriosas de Tony Iommi al término de cada estrofa. El juego de notas que suben y bajan en su puente se convirtieron en una referencia obligada para todas las bandas de metal, pero la tétrica combinación de acordes que le siguen, nos toma de la mano a un obscuro lugar de atmósfera densa de la cual es muy difícil de superar gracias a su mágico teclado. Mención aparte requiere las percusiones que acompañan a la batería de Bill Ward, las cuales rompen con el ritmo base para transformarse en una danza tribal que nos remite a otros universos. Finalmente, el remate de "obligados" o golpes instrumentales que marca cada integrante al término de la canción, nos arrancan el suelo que pisamos para dejarnos abandonados ante la espectral imagen de los niños que salen de su sepulcro.





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