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viernes, 7 de agosto de 2015

The Oath: desde las entrañas de la obscuridad


A primera vista, la portada impacta. Sin palabras y sin íconos… sólo dos rubias envestidas de vinil y cuero negro nos observan de manera directa y sin freno. Sus miradas nos retan a traspasar el límite para entrar a su obscuro mundo de muerte, sombras y demonios. Una noche sin estrellas se postra para dar paso a una lúgubre atmósfera sin salida. Acorralados y sin remedio, nos damos a la tarea de apretar el botón para escuchar sus primeros acordes de ruidosas guitarras. Esto es The Oath.

Los agresivos sonidos nos hipnotizan y caemos rendidos a sus pies por medio de un heavy metal británico al estilo de la llamada “nueva ola” de finales de los setentas (Iron Maiden, Judas Priest, Angel Witch y Witchfinder General), al que se le suma un sabor a doom que varias bandas con mujeres al frente han hecho y que beben directamente del Black Sabbath setentero (Blood Ceremony de Canadá, Mist de Eslovenia, Witch Mountain de Estados Unidos o  Jess and the Ancient Ones de Finlandia).

Igualmente, su nombre nace por el gusto a las bandas clásicas. Recordando el segundo disco de Mercyful Fate, Don’t break the oath, el grupo se bautiza en fuego sagrado y firman su pacto con el demonio. Por si fuera poco, el logo de la banda fue diseñado por Erick Danielsson (bajista y vocalista de la banda sueca de black metal Watain), el cual nos muestra la dualidad que es constante en la magia negra que rodea a The Oath. Cruces encontradas, el nombre del grupo y el uso del simbólico número siete escondido.  
Sin tregua y sin miramientos, el álbum debut de The Oath nos sacude por todo el cuerpo. Ya sea por su sonido a metal antiguo o por sus tétricas líricas, esta placa no puede pasar inadvertida. Rompiendo los cánones del género, dos mujeres forman un concepto a partir de sus gustos, aficiones y vicios. Mórbidas y blasfemas imágenes invaden el ambiente mientras guitarras afiladas entran directamente en nuestro subconsciente. Sólo queda abandonar el cuerpo y permitir que la obscuridad tome su lugar. 


¿Pero quién carajos son est(a)s tip(a)s?

Bien podría escribirse que la historia de The Oath tiene en Berlín su punto de arranque. Fue en el año de 2012 cuando Johanna Sadonis estaba rondando bares de la capital alemana para conformar un grupo de heavy metal junto con el baterista Vicent Wager, hasta que Henrik Palm, guitarrista de In Solitude, les recomendó a Linnéa Olsson, una chica sueca que había decidido dejar su natal Estocolmo con la intención de reiniciar su carrera musical tras su paso por la banda alterna de Palm como guitarrista de acompañamiento. Las dos chicas comenzaron a platicar, encontrando muchas similitudes en ideas y gustos musicales, además de su parecido físico: una banda se había iniciado.


Johanna Claudia Sadonis es una chica alemana que creció dentro de un ambiente metalero. Se fue vivir a California durante tres años y tras su separación conyugal, decidió regresar a Berlín. Sin dinero, comenzó a trabajar atendiendo una librería de ocultismo, donde se acercó aun más a estos temas. Ahí fue cuando decidió formar una banda donde ella fuera la cantante, por lo que se dio a la tarea de encontrar a gente que compartiera sus conceptos. Ella escribe letras de canciones desde antes de la conformación de The Oath a través de melodías que va creando, las cuales tienen una influencia directa de Ozzy Osbourne en su primera etapa en Black Sabbath.


Linnéa Olsson era la guitarrista rítmica de la banda sueca Sonic Ritual, la cual tenía como base de operaciones su natal Estocolmo. Este grupo era un proyecto de Henrik Palm, quien tenía como objetivo principal a In Solitude. Un poco harta por la escena local de metal de su país y por la falta de actividad con Sonic Ritual, Linnéa comenzó a buscar opciones para salir de esta situación. Tras una visita a una psíquica, encontró la respuesta: escapar de todo, poner distancia y comenzar desde cero. Encontrando en Berlín el lugar ideal, comenzó a componer riffs y a buscar opciones para dar forma a su proyecto. Con la recomendación del propio Palm, Linnéa conoció a Johanna y el clic fue inmediato, ya que las líneas melódicas que había creado en el escaso tiempo que ella tenía en Berlín tuvieron la precisión de clavar en el concepto buscado por Johanna.


Con la idea definida, Johanna propone a su novio para que sea uniera al proyecto. Simon Bouteloup es un músico francés quien fue bajista de la banda stoner Aqua Nebula Oscillator y, como lo hicieran Olsson y Johanna, pensó en Berlín como el lugar idóneo para continuar si carrera musical gracias al reconocimiento obtenido con su primer banda. Su sonido estaba basado en la vieja psicodelia y rock ácido de los sesentas, pero al entrar en contacto con la escena berlinesa, poco a poco fue cambiando su equipo y definiendo la forma en que deseaba escucharse. Ello es claro al comparar los discos que grabó en Francia con lo hecho en The Oath.


Al principio del proyecto, el baterista fue Vincent Wager, músico alemán que ayudó a crear el concepto de la banda junto a Sadonis con la intención de mezclar el sonido de la NWOBHM con la lírica del doom de las bandas de principios de los setentas. Con esta alineación, The Oath grabó a principios de 2013 un single bajo la producción de Tiger Bartelt (baterista de Kadavar) que contenía “Night child” como lado A y “Black Rainbow” en el B. Tras esta publicación, Wagner decidió salir de la banda.

Como trío, The Oath terminó de escribir las canciones que conformarían su álbum debut. Buscaron a un nuevo productor que lograra definir el sonido que tenía en mente el grupo, por lo que Linnéa se acercó nuevamente a Henrik Palm para que los recomendara con Martin “Konie” Ehrencrona (In Solitude, Vampire y Nifelheim). Gracias a sus ideas y dirección, la banda definió su sonido de estudio y tuvieron la oportunidad de trabajar con Andy Prestridge, baterista inglés que formó parte de Winters y de Angel Witch.

A través de las recomendaciones hechas por los diversos contactos, las presentaciones de la banda como grupo abridor de los suecos Ghost y el reconocimiento por parte del blog “Bandoftheweek” de Fenriz (baterista de la banda noruega de black metal Darkthrone) , la disquera Rise Above Records de Lee Dorrian (cantante de Cathedral y antiguo miembro de Napalm Death) decidió firmarlos para editar el álbum debut.

El concepto

Con la idea de hacer un disco de heavy metal que fusionara el sonido de la NWOBHM de los 80 con el hard rock de principios de los 70, la atmósfera doom y los conceptos del black metal escandinavos, The Oath se metió a los Studio Cobra de Estocolmo a finales de 2013 de la mano de Martin “Konie” Ehrencrona. En tan sólo diez días de grabaciones y con la plena intensión de captar un sonido directo, crudo y vintage, el grupo logró captar su esencia obscura en nueve tracks que previamente habían compuesto, pero que terminaron de definir su estructura musical en el estudio.

Bajo el cliché del ocultismo y satanismo, The oath versa sobre el concepto ya masticado por el metal y todas sus variantes desde su creación. Pero al contrario de lo que se pudiera pensar, las temáticas planteadas por Johanna Sadonis nacen directamente de lo vivido por ella durante su obscura vida: creció escuchando a Led Zeppelin gracias a sus padres, tuvo su primer concierto de metal a los 14 años cuando vió a Danzig en Berlín, se volvió fiel seguidora de las bandas de black y death metal europeas, trabajó en una librería de ocultismo, montó un bar metalero llamado Kill’em All Club, etc. Con una difícil atmósfera rodeada de drogas, sexo y muerte, Johanna terminó concibiendo el mundo alrededor del metal en la formación de una banda donde tuviera la posibilidad de expresar todas sus ideas.

Sin embargo, si pudiéramos resumir esta placa en una sola palabra, ella sería obscuridad. Todas las canciones versan bajo las sombras de la noche y aclaman su presencia. Espacio ideal para el demonio, el dolor y la muerte. La lúgubre atmósfera se respira paso a paso hasta ahogarnos por completo. Metáforas, símbolos y enigmáticas imágenes nos envuelven en un halo de ocultismo y misticismo que termina por dotar de un mórbido placer. 

Canción por canción

All must die: No hay estrellas en el cielo y sólo se escucha el estruendo de los truenos. Este es el momento ideal para invocar por el ángel del séptimo amanecer. Todos deberemos morir y hemos tomado la decisión: cerrar los ojos y esperar que Satán nos lleve con él… Unas salvajes guitarras nos dan la bienvenida. La batería remarca los tiempos para explotar junto con la melodía. Johanna nos dice que es momento de invocar al demonio mientras escuchamos cómo Linnea suelta un acorde y Simon bombardea notas en su bajo. El recuerdo del primer Iron Maiden con la influencia punk de Paul Di’Anno llega de inmediato, pero cuando la rola alcanza su puente, el sabor obscuro se postra sobre nosotros sin permitir ni regreso ni arrepentimiento.


Silk road: Simon Bouteloup y Andy Prestridge buscan arrancar nuestra atención amarrada a al par de rubias líderes de la banda a través de una gran introducción de ritmo tribal. Sin  embargo, la guitarra de Linnéa nos sacude con su riff y permite que Johanna nos recite versos sobre una metafórica y onírica ruta de la seda. En su parte media, la canción baja hasta los mismísimos abismos que ya había visitado Tony Iommi, sin embargo, la batería vuelve a marcar un ritmo acelerado para colocarnos en un juego de riffs difíciles de soltar.

Night child: El corazón se quema de deseo, agoniza por la obscuridad en espera a que desaparezca la luz. Cabalgando sobre la bestia que cruza el valle de muerte, se postra ante nosotros el dios, el hijo de la noche… Rola que recuerda al Alice Cooper de sus primeros discos cuando Vicent Funier no se adueñaba del nombre de la banda. Esta canción fue lanzada como single con la producción del baterista de Kadavar, pero en esta nueva versión la mezcla dirigida por “Konie” Ehrencrona termina por colocar cada instrumento en un lugar preciso logrando una mayor intensidad, como si la banda tocara en este momento frente a nosotros. Fuerza, poder y sentimiento en un pedazo canción.


Leaving together: Cuando el alma siente la obscuridad, ella nos abandona junto que ella. El maligno siempre se ha ocultado en la ausencia de luz, pero quizás, los demonios se encuentran en uno mismo… Melancólica melodía donde las seminotas de Linnéa nos dejan paralizados ante un ambiente desolado de obscuridad y muerte. El contrapunteo que hace el bajo termina fortaleciendo la sensación de abandono que busca la canción. Cuando la rola rompe en su coro, ésta se convierte en un clamor al demonio para que éste tome el alma de quien se ha quitado la vida. Hacia el final, este himno termina en un demoniaco vals de notas descendentes donde compiten la guitarra y el bajo mientras el solo de Henrik Palm, guitarrista de In Solitude, nos marca el obvio desenlace. La letra de esta rola fue hecha por Johanna inspirada en el suicidio de un amigo de ella unos años antes.

Black rainbow: Cuando muere la noche, se puede ver al final del camino el arcoíris negro, aquel que te podrá llevar al otro lado. Despertando de las profundidades del sueño, el arcoíris negro te permitirá atravesar la obscuridad de los valles como si se tratara de un alma en pena. Todos hemos nacido para morir. No duermes, estás muerto y tu espíritu se ha percatado de ello…Quizá sea la rola más cercana de todo el disco al sonido del NWOBHM, que gracias a su agitado ritmo nos hace correr sobre un caballo desbocado en la noche más obscura. Si ponemos atención en sus líricas, descubrimos en “Black rainbow” una metáfora del eterno sueño y el despertar de la muerte a un vagar eterno.


Silver & dust: Todo es soledad y abandono. Toda la gloria termina con la irremediable muerte. La búsqueda ha terminado… Rola inspirada en los riffs de Tony Iommy de Black Sabbath, aunque termina con un irremediable sabor a los suecos de In Solicitude. La combinación de guitarras en tonos diferentes, acusan innegablemente la influencia de la  NWOBHM. Cabe destacar el gran trabajo de Simon Bouteloup en el bajo, donde sus arreglos logran hacer despegar la rola a lugares insospechados.

Death delight: La sombras rondan alrededor clamando por un alma que hoy recogerán. Están en cacería y saben que su presa no se escapará. Este es el encanto de la muerte. Aquí está el demonio y viene por tí. … Melodía de gran ritmo y inevitable gancho. Los acordes sueltos de Linnéa y los juegos en el bajo de Simon se convierten en la combinación ganadora. Los muy pequeños arreglos de guitarra son hechos por Henrik Palm, de In Solitude, quien busca seguir las figuras clásicas de Dannis "Piggy" D'Amour de Voivod. 


In dream: Melodía instrumental compuesta por Linnéa y Simon con inspiración directa de los pasajes acústicos de Black Sabbath como “Orchid”, “Embryo” “Fluff” o “Laguna sunrise”, aunque con una cercanía muy estrecha con la atmósfera de “Sleepin village”. Bello pasaje que sirve de pasaje hacia el final de la obra.

Psalm 7: Una oda al número siete, símbolo al cual está obsesionado la vocalista de The Oath, Johanna Claudia Sadonis, tres veces el número siete (“Seven, seven, seven is my name...”, frase en tributo a la canción de Danzig). Canción de siete minutos que representa la lucha entre el bien y el mal, que como habla el Salmo 7 de la Biblia,  es una plegaria de un inocente perseguido donde se reconoce al pecador como autor y víctima de su maldad. Si buscamos referencia en el famoso libro del ocultista Aleister Crowley, 777, el numero es un elemento que representa la búsqueda del control de los pensamientos y las acciones propias. Siete son las virtudes del espíritu y siete los pecados capitales. La marca de Caín, las siete cabezas de la bestia del Apocalipsis y la estructura septenaria del Libro de las Revelaciones: siete sellos, siete trompetas y siete copas. Un número de gran simbolismo que cualquier persona fascinada con el ocultismo y la numerología como Sadonis tendría que dominar.


A unas cuantas semanas de la publicación de The Oath, la banda anunció su separación temporal. Desde entonces Johanna Sadonis y Andy Prestridge crearon Lucifer, una banda de hard rock y doom con Gaz Jennings, ex guitarrista de Cathedral. Simon Bouteloup se incorporó a Kadavar para sustituir al bajista “Mamut” Lippitz. Finalmente, Linnéa Olsson entró a la banda filandesa Beastmilk, la cual se transformó hace unos meses en Grave Pleasures.



Así que sólo tenemos los casi 44 minutos del único álbum de The Oath, hard rock y doom en donde las mujeres toman el control y los hombres dan soporte a sus ideas. Disfrútenlo…


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