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viernes, 21 de agosto de 2015

“Behind the mountains” de Brutus: el sonido vintage de Escandinavia


La mirada no se puede ignorar una portada tan lisérgica, tan psicodélica y tan espectacular. Una ilustración nos muestra a cinco muchachos observando un volcán en erupción a través de un valle cóncavo lleno de colores y una mágica noche cósmica. El interés crece y nos hace indagar por los creadores de una imagen tan seductora hasta que los ojos se detienen en un extremo de la misma. Una extraña mariposa plasma en sus alas el nombre de la banda: Brutus. 

¿Qué es lo que podríamos escuchar con una portada como ésta? Pues precisamente lo que podría resultar obvio: un hard rock de sabor vintage que nos remita a las bandas psicodélicas de finales de los 60 y aquellas de llenas de guitarras pesadas de principios de los 70, aquel encuentro entre el blues y el rock que sentó las bases para el heavy metal. Y sin duda, este material está lleno de esta atmósfera. Entre amplificadores de bulbos y grabadoras analógicas, Brutus logra transportarnos a ese añorado pasado sonoro donde las bandas tocaban juntas en el estudio de grabación para dejarnos la sensación al escuchar el acetato de estar frente al grupo tocando en vivo para nosotros.


Tres suecos y dos noruegos publicando su disco a través de una marca finlandesa: Escandinavia en pleno. Witchcraft, Graveyard y Horisont han sido la punta de lanza en esta invasión nórdica, sin embargo existen otras bandas vikingas y barbadas como Brutus que nos hacen entender que la recuperación de este hard rock de guitarras no sólo se quedan en una época revival, sino en un movimiento que crea a través del pago de tributo a los dioses (Blue Cheer, Led Zeppelin, Thin Lizzy, Deep Purple, Pentagram o Black Sabbath). Todo esto es Behind the mountains, un disco que no puede decepcionar.

¿Pero quién carajos son estos tipos?

A principios de 2007, tres chicos se reunían regularmente en los bares de la ciudad donde discutían sobre Black Sabbath, Jimi Hendrix y las razones por las cuales los discos se escuchaban mejor que en la actualidad. Sin llegar a alguna conclusión, terminaron por decidirse en hacer una banda ellos mismos. Esos muchachos eran los suecos Johan Forsberg  y Christian “Krille” Hellqvist en las guitarras eléctricas y el noruego Knut-Ole Mathiesen en el bajo. Tras algunos ensayos y con la necesidad de conformar la banda con los instrumentos necesarios de la misma, Knut-Ole se vuelve baterista y “Krille” se transforma en bajista… esta es la semilla que dio origen a Brutus.


Con la obsesión de lograr recrear aquel sonido clásico de las bandas de hard rock que adoraba, Johan Forsberg aprendió a tocar la guitarra eléctrica y con el tiempo se armó de una Gibson Les Paul y un amplificador Orange de bulbos. Siendo originario de Ulricehamn, un pequeño poblado sueco, Johan decidió trasladarse a la cercana Gothenburg para estudiar y acercarse a la escena musical que se estaba gestando ahí. Después de un tiempo, decidió mudarse a Noruega y su destino lo llevó a la formación de una banda con otro migrante sueco.


Christian “Krille” Hellqvist estudiaba en la universidad de la ciudad sueca de Karlstad cuando decidió mudarse a Oslo, lugar donde conoció a Johan Forsberg y con quien inmediatamente encontró una amistad gracias a sus afinidades musicales. “Krille” tocaba la guitarra, sin embargo, por las necesidades que la banda exigía, decidió pasarse al bajo. Con la idea de alcanzar el sonido vintage que deseaban, “Krille” se armó de un clásico Rickenbacker, un Fender Precision y un Gibson EB2, además de un obligado amplificador Ampeg. Sin embargo, su capacidad como guitarrista hizo con el bajo no se quedara de forma pasiva como alguien que solo marcara el tiempo y los tonos, sino que tuviera la posibilidad  de improvisar y se luciera en el escenario tal y como lo hiciera Geezer Butler de Black Sabbath.

Originalmente Knut-Ole Mathiesen tocaba el bajo, pero el trío no lograba encontrar un baterista que quisiera formar parte del proyecto revival que deseaban hacer. Un poco desesperado, Knut-Ole se transformó en baterista. Lejos de ser una pasajera opción o una mala decisión, Mathiesen se convirtió en la base sonora que requería el proyecto y elemento fundamental del grupo.


No fue sino hasta 2008 que la banda comenzó a definir su sonido al integrarse Kim Molander como segunda guitarra. Al igual que Johan, Kim es originario de la pequeña Ulricehamn, Suecia. Él decidió ir a estudiar fotografía a Oslo y ahí fue donde coincidió con el incipiente Brutus. La unión de las guitarras de Johan y Kim logró que el grupo tuviera más colorido en sus composiciones, pasando de una copia sonora de Black Sabbath a un intento por crear el sonido de bandas como UFO y Thin Lizzy.

Ya consolidado el sonido de la banda, Brutus requería de un vocal que lograra plasmar las ideas del grupo y dotara de identidad a la misma. Tras ver un concierto de la banda The Ritual, Krille se acercó a su cantante para convencerlo de que se integrara a su proyecto. El bajista estaba impresionado con el carisma y la diversión que Nils Joakim Stenby irradiaba en el escenario (siempre con una cerveza en la mano), además de su posibilidad de jugar con su voz (su color va desde los tonos chillones de Ozzy Osbourne hasta el grave y rasposo de Johnny Winter). Sin pensarlo dos veces, Jokke aceptó la propuesta e inmediatamente se puso a trabajar en las letras para las estructuras musicales que tenían armadas el resto de la banda.

Para finales de ese mismo 2008 grabaron un demo y en el transcurso de 2009 publicaron su álbum debut tras grabarlo en los legendarios estudios Music-A-Matic en Gothenburg (lugar donde han grabado gente como The Hellacopters) bajo la producción y mezcla de Henryk Lipp y Micke Nilsson (quienes han trabajado con las bandas suecas de Sator, Dead Man y Burst). Luego de un EP compartido con la banda sueca de stoner y doom The Graviators publicado en 2011, Brutus comenzó los trabajos para su segundo disco. Para ello, logró firmar con el sello finlandés Svart Records y se metió a una larga sesión de grabación en los Subsonic Society de Oslo durante dos años. Con las cintas bajo el brazo, la banda decidió entregarlas a Lipp y Nilsson para que las mezclaran y las masterizaran bajo la lógica sonora de los grupos de hard rock de los años 70. El resultado final fue el Behind the mountains publicado en junio de 2013.


El concepto

Fácilmente uno podría esperar que un disco obsesionado con la recuperación del sonido y las técnicas de grabación hechas en décadas pasadas tendría que quedar atrapado en tan solo una colección de canciones. Dos años en los estudios de grabación nos darían la razón en ello, pero afortunadamente nos equivocamos con esta creencia.

Behind the mountains escudriña, rasca y desentierra las verdaderas intenciones que tienen todas las cosas a nuestro alrededor, y ¿por qué no?, de nosotros mismos. Arranca la careta para mostrarnos el verdadero rostro del individuo que se esconde tras de ella. Es la búsqueda de luz que despejen las sombras, aquellas que ocultan y esconden todo a su paso. Al fin desnudo y liberado, el individuo irremediablemente se dejará ver tal cual es.


El disco busca ser una droga introspectiva que se interna en el ser para develar todos sus secretos. Sobrevuela el alma y echa un vistazo a la confusión, el dolor, la tristeza y la maldad con la intención de desmarañar el interior para sacarlo a flote y comenzar a buscar respuestas y alternativas.

Es por ello que a cada paso que da el Behind the mountains, encontramos una puerta que se abre y una sorpresa atrás de ella. Una vez eliminados los misterios, todo es aclarado y liberamos la mente de sus ataduras. El amor, la pasión, la naturaleza y la humanidad pueden tomar otro rumbo si el individuo traspasa los muros y los desmenuza en su interior. Esa es la apuesta que hace Brutus con este disco, una obra que habla de los misterios que nublan al hombre y su intento por abrir la percepción y encontrar las respuestas a sus secretos.


Canción por canción

The witches remains: El momento es ideal para que las brujas salgan a lanzar gritos, maldiciones y hechizo. A la sombra del bosque y con la tenue luz de la luna, la mágica mujer de fuego en los ojos y que se oculta en las montañas se muestra ante nuestra mirada  con su negro vestido… Unos golpes de batería abren paso a una fúnebre marcha, que tras algunos segundos, se agita y nos relata una historia sobre brujas y mujeres que hechizan. Inmediatamente nos viene a la mente aquel Black Sabbath de melodías aletargadas de sus primeros discos, pero esta sensación aumenta todavía más con el efecto de “double track” en la voz de Jokke.


Personal riot: La gente te observa y se burla de ti y sólo queda preguntarse por las razones. No es fácil pelar con los demonios que tiene uno adentro. Miedo, soledad y confusión golpean la mente. El mundo se colapsa a nuestro alrededor y el alboroto se arma en nuestra cabeza. El final está cerca… Un contagioso riff de guitarra hecho por Johan nos engancha sin remedio a la melodía. Las líricas siguen exactamente la misma idea de “Paranoid” de Black Sabbath, aunque la esperanza por salir de aquel trance quizá sea menor en la versión de Brutus. Canción del Behind the mountains escogida por la banda como sencillo debido a que en ella se resume el sonido de la banda y el concepto del disco. Con el objetivo de tener difusión, se elaboró un video promocional con la canción donde podemos observar chamarras de mezclilla, barbas, cabellos largos, cervezas y a Brutus durante las grabaciones del disco y explotando en los escenarios.


Big fat boogie: ¿Qué pasa por la mente del gordo que se ha dado cuenta de su propia fuerza? Una rola que parece dedicada a Christian “Krille” Hellqvist, bajista de la banda… Riff agitado que guarda la misma intensidad al de “Personal riot”, por lo que sirve perfectamente como continuación de la misma. Las guitarras de Johan y Kim se alternan en figuras que terminan en un ritmo tribal alrededor de la repetición de la frase que da título a la canción.


Blues pills: La píldora azul ha hecho su efecto y ha liberado el alma del amargo sentimiento que la tenía atada. Se puede observar en los ojos que se ha dado cuenta de ello. La tormenta se acerca… Melodía de ritmo pasmado que deja su poder en la voz de Jokke y en un sentido solo de guitarra salido de las manos de Johan muy el estilo del irlandés Gary Moore (aquel que tocara con Thin Lizzy).

Square headed dog: Vagando por las solitarias calles, la mente se agita ante el abandono y la soledad. El individuo ha cerrado los ojos para escuchar aquellos sonidos y voces encerradas en su cuadrada cabeza… Hard blues de denso paso con un solo de guitarra de Johan ahogado en pedal wah y un eco distorsionado, tal y como si estuviera escondido en la mente de aquel solitario al que hace referencia la letra de la rola.

Mistery machine: Industria, tecnología y maquinaria dejan caer sus pesadas manos sobre el hombre. La ciencia al servicio de la rápida máquina como si de gasolina, con la intención de acelerar su paso. El destino es ahora… Pesado riff de cinco tiempos que rompe el plano mientras el bajeo se luce en escalas y figuras. La voz es un pleno tributo a Ozzy Osbourne en su efecto sonoro y remarcada melodía. Sorprendente duelo de solos de guitarra entre Johan y Kim sobre un ritmo cortante semejante al de una máquina pesada, lo que recuerda el origen del sonido de Black Sabbath hecho por Tony Iommi y la famosa historia de la pérdida de sus falanges.


Crystal parrot: ¿Esto es la realidad o sólo un sueño? Los problemas en la mente fluyen a través de un viaje ácido que atraviesan la obscuridad gracias al loro de cristal…  Un sucio rock nacido directamente de los locales de ensayo de The Rolling Stones o de Led Zeppelin gracias a la armónica de Per Riihiaho, músico invitado. Esta rola puede ser en la que Jokke se acerque más al color de voz de Ozzy Osbourne, aunque el ritmo sea el más alejado a Black Sabbath de todo el disco. Realmente genial el duelo final entre la armónica y el solo de guitarra el cual realmente nos hace levantar el vuelo.

Reflections: El sol se ha ido a dormir. La obscuridad se postra sobre las almas. Ha llegado el momento para que las reflexiones del ser se agolpan en su mente. La verdad se sabrá… Este es el punto climático del Behind the mountains: un pesado blues de guitarra eléctrica que llora y un atmosférico teclado que logra llenar todos los vacíos posibles. Como en una caída libre, la rola se va acelerando y nos arrastra a su caos y explosión, jugando con nuestras sensaciones y llevándonos al éxtasis total. Finalmente, la canción termina en una loca persecución donde el solo de guitarra es espectacular.

Can´t help wondering why: Todo ha sido muy rápido y la vida se ha escapado como arena entre las manos de manera estúpida y alocada. Es momento de recuperar el tiempo perdido y la capacidad de sorpresa y asombro ¿Cómo podemos describir un pedazo de canción como este donde la piel se eriza en cada nota? El ritmo marcado por las guitarras “muteadas” y su riff de cinco notas ascendentes simplemente te vuelan la cabeza. De la nada surge un teclado eléctrico en manos de Gustaf Gimstendt y ¡kabum!, todo se convierte en un terremoto que sacude todo a su paso: guitarras en desenfrenados solos que chocan entre sí, un bajo que serpentea por todo el mástil y una batería que golpea salvajemente. Esta es la forma perfecta de terminar de sacudir la cabeza tras una revisión a ella.


Esto es el Behind the mountains, un poderoso disco lleno de hard rock vintage y letras que buscan desenterrar los misterios que cunden a nuestro alrededor...




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