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martes, 17 de julio de 2018

The Slow Voyage : la cósmica psicodelia chilena


A través de la recomendación de nuestros amigos de Necio Records, disquera independiente del Perú que se ha dedicado desde cinco años a editar diverso material de hard psych, stoner, doom, space rock y experimental; nos llega a nuestros oídos la propuesta de una joven banda chilena clavada en la distorsión lisérgica de la psicodelia llamada The Slow Voyage. Con el pretexto de la edición de su primer material en disco compacto hecha en mayo de 2018, nos damos a la tarea de sumergirnos en sus aguas multicolor para permitirnos un denso paseo por sus oníricas notas.

The Slow Voyage nació entre 2012 y 2013 en la ciudad de Los Ángeles, en la región chilena de Biobío, gracias al encuentro musical de los guitarristas Freddy Lepe y Rodrigo Salamanca, quienes tras un tiempo de composición se vieron en la necesidad de conformar una banda convencional con la intención de darle base a sus ideas. Fue así que se integraron Mauricio Pinilla en la batería y Camila Muñoz en el bajo eléctrico. Desde entonces, el grupo ha trabajado para construir un sonido propio caracterizado por las densas atmósferas etéreas de la psicodelia ácida y la improvisación de la música libre que despertara diversas sensaciones a través del viaje y el rompimiento de las cadenas del prejuicio.


Tras conformar una colección de ocho temas de manera concisa, The Slow Voyage se animó a grabar el material a manera de demo en el Trewa Estudio bajo el nombre Live sessions 2015. Gracias a este trabajo, la banda tuvo la oportunidad de ser escogidos para participar en el proyecto Converse Rubber Tracks, que como lo habíamos relatado cuando escribimos sobre los mexicanos The Wizard, la idea consiste en otorgar tiempo de estudio a nuevas bandas bajo el resguardo técnico de experimentados productores. Fue así como el cuarteto chileno pudo grabar "Look at me" en el estudio Lautoro de Santiago de Chile con Jack Endino, reconocido productor que ha trabajado con bandas de grunge como Nirvana, Soundgarden y Mudhoney, además de diversas bandas de rock latinoamericano como los mexicanos Guillotina, los argentinos Banda de la Muerte y los chilenos The Ganjas.

"Look at me" hizo honor a su nombre y provocó que muchas miradas se posaran sobre la banda, sin embargo, el tema no terminaba por mostrar su verdadera esencia; pues todo quedaba reducido en un distorsionado tema de hard rock con algunos elementos alternativos basado en la melodía, pero olvidando el poder del jam ácido. Sin embargo, todo ello quedaría redimido en la publicación de su primer álbum formal de noviembre de 2017 llamado Time lapse; un material que sería grabado, mezclado y masterizado por Pablo Giadach en el mismo estudio Lautoro.


Time lapse recupera cinco temas del Live sessions 2015 para trabarlas con mayor detenimiento  hasta desmenuzarlas gracias a los años practicarlas hasta permitirles encontrar su propio espacio. El melancólico lamento de "Mas allá" logra subir suavemente hasta alcanzar un orgasmo cósmico descontrolado, las innegables líneas árabes que terminan misteriosos derroteros que reptan la arena bajo el omnipresente rayo de sol que se escucha en "Horus", la potencia descontrolada de "Wake up! "que de manera inevitable nos recuerda la estridencia fuzz de los italianos Black Rainbows, la guitarra lisérgica de "Will you be back tomorow?" que poco a poco nos hipnotiza bajo un tufo pesado muy en la escuela de los californianos The Black Angels y la polifacética "Take me away" basada en sus insistentes acordes que construyen una serie de muros para perdernos en sus laberínticos pasillos.

The Slow Voyage logra intensidad, zozobra y obscuridad en las nuevas versiones de aquellas canciones que han formado parte del repertorio de la banda por años; sin embargo, también es necesario poner atención en las dos nuevas joyas que abren el disco más allá de la inclusión de la versión de "Look at me" con Jack Endino. Las guitarras llenas de efectos mágicos que nos transportan a galaxias  desconocidas llenas de colores deslumbrantes sirven de relampagueos en la obscuridad eterna del cosmos, sonidos desgarradores que invitan a cerrar los ojos para descubrir al universo dentro de uno mismo. "Close your eyes" se derrite lentamente por las bocinas a pesar de sus  ásperas cuerdas que intentan cruzar por la piel, pero la línea melódica nos toma de la mano para pasearnos por las neuronas hasta dejarnos perdidos en ellas.


Sin embargo, la inaugural "All the days" sobre sale del resto del material debido a que su riff inicial entra directo al torrente sanguíneo y nos deja claras sus intenciones. La combinación de voces de Freddy y Rodrigo crean una densa neblina que poco a poco se integra con la atmósfera construida por los instrumentos. La línea de bajo de Camila nos ofrece una soga para asirnos ante el abismo sin gravedad creado por la banda, pero conforme los segundos van pasado, todo se vuelva más ácido hasta que no queda más remedio que soltarse y disfrutar el viaje. Ácida psicodelia que se entremezcla con algunos tintes de space-rock, aunque el solo de guitarra ahogado en wah es un maligno agujero negro del cual no existe un retorno posible.


Gracias a Time lapse, The Slow Voyage ha logrado condensar su sonido en un estilo definido lleno de magia, cosmos y sensaciones. Ahora es tiempo de reflejar lo alcanzado en el estudio sobre los escenarios y permitir que todos los átomos sonoros esparcidos por los galaxia se condensen en la memoria y deleite del público. El disco contiene demasiados elementos para ser ingeridos en una sola cucharada, así que la dosis tendrá que ser medida para que en cada viaje se pueda descubrir todas las posibilidades que puede crear este cuarteto chileno. Atención, mundo! El conteo regresivo ha terminado y el lanzamiento ha colocado a esta sonda esterofónica y multicolor a girar por el universo con la intención de hacer llegar sus líneas melódicas a los desprevenidos tímpanos ansiosos por  intensas sensaciones lisérgicas...

jueves, 12 de julio de 2018

Electric Monolith : la magia de la pausa en el hard psych


Durante la última década, el heavy psych ha sido un estilo preponderante en los diversos circuitos subterráneos e independientes del rock en España. Prisma Circus, Lewis & The Strange Magics, The Mothercrow, Cachemira, Wicked Wizzard y Green Desert Water son tan sólo algunos nombres de aquellas bandas ibéricas que se han animado a retomar el viejo sonido del rock ácido de la psicodelia pesada para crear nuevas melodías sin perder aquel sabor a energía, interpretación e imaginación. Hace algunos meses fue publicado el álbum debut de otra banda dentro de este marco sonoro, así que era imposible que Earthquaker los dejara pasar de largo.

Formados desde 2015 en Barcelona, Electric Monolith es un power trio en toda la extensión de la palabra, pues tan sólo con el poder de la tríada maldita de guitarra-bajo-batería recrean paisajes auditivos llena de sonidos estridentes, figuras melódicas adictivas y ritmos entrecortados salvajes que incitan al baile y al escape emocional. Mientras sus notas vintage se escapan por las bocinas, los fuertes colores iluminan la estancia hasta saturar la vista entre psicodelia y relámpagos deslumbrantes que demuestran energía e intensidad.


El equilibrio de Electric Monolith se encuentra en el triangulo equilátero. Oscar Chamorro se encarga de las ráfagas de notas en la guitarra Stratocaster, el soporte melódico por medio de los tonos graves de las cuatro cuerdas está en Ramón Viña y la fuerza peculiar de las percusiones que constantemente buscan su espacio propio pertenecen a Pepo Villena. Al ser un power trio, su base se encuentra de manera obvia en el hard blues eléctrico de finales de los años sesentas que terminó floreciendo por diversos senderos como la psicodelia, el heavy metal y el hard rock; elementos todos fundamentales para el sonido del grupo.

Sin embargo, las más allá del estilo característico de una banda enmarcada en este estilo, Electric Monolith se distinguen claramente del resto por una peculiaridad: el silencio. Pocos grupos emplean las pausas sin sonido para alcanzar mayor intensidad a sus composiciones, aunque de manera paradójica, este elemento es fundamental en el blues más clásico. El trío de Barcelona lo asimila de manera perfecta para crear temas entrecortados que provocan la zozobra y la atención del oído congestionado por un género lleno de ruido descontrolado que persigue tan sólo el virtuosismo o acaso la saturación sonora por temor al espacio vacío.


Electric Monolith entró al estudio La Atlantida a principios de de 2017 para grabar su álbum debut, un material realizado completamente por la propia banda (un elemento que genera mayor valor al resultado final). Bajo el nombre de Resurrect the dead y una mágica portada realizada por Jalón de Aquiles que muestra la obligada referencia de la gran piedra de Stanley Kubrik en un ambiente galáctico, encontramos diez tracks que asimilan el hard blues de Cream, Hendrix y Led Zeppelin con la fuerza obscura de Black Sabbath y la energía eléctrica del proto-metal de Budgie.

Sin perder por un solo instante su sonido propio, Resurrect the dead intenta delimitar algunos caminos por los cuales recorrer para no ser devorado por un estilo que al final pudiera sonar repetitivo durante toda la placa. El definido riff de "Hole in the sky" nos instala en el hard psych que ha abanderado en la actualidad Radio Moscow pero con un obligado paseo especial que termina varado en los agujeros negros contenidos en cada una de sus estrofas que bien pueden ser comparados con las pausas que se escuchan en "Tainted will", tema que nos regala también aquel estribillo y solo de guitarra clavados en el Black Sabbath fundamental. El hard rock ácido heredero del blues eléctrico lo podemos degustar en "The lonesome road" con todo y sus twin-guitars muy cercanas a Thin Lizzy, pero al mismo tiempo nos podemos deleitar con el sentimiento a baja velocidad de "Still remember" por medio de atmósfera melancólica que nos permite encontrar a una banda con mayores posibilidades melódicas que las escuchadas en el resto del material.


El primer sencillo del debut de Electric Monolith es "Shade of sorrow", un tema que enamora desde la ansiedad de su riff inicial y los juegos de percusiones que se escuchan atrás de él. Con una línea melódica en las vocales que nos remiten al viejo Ozzy o acaso al primer Wolfmother, el power-trio de Barcelona nos sumerge en un tufo vintage lleno de obscuridad que sin saturar el panorama sonoro de ruido permite a cada instrumento lucir y demostrar lo que está haciendo como piezas de rompecabezas integrándose para alcanzar la unidad con sus características propias. Densa pesadilla que nos adentra a los abismos de la mente para penetrar las neuronas y visualizar qué ocurre en ellas, fuerte viaje ácido que nos hace resbalar por los pasillos de nuestro interior hasta la pérdida del control, un encuentro de frente con el dolor, la pena y el pesar. La aguja de la guitarra inyecta en nuestras venas su venenoso contenido mientras el bajo tan sólo sirve de vaga referencia de aquella cueva por donde nos hemos internado. Las percusiones tribales golpean sin cesar a lo lejos, pero bien sabemos que hemos perdido la batalla contra nosotros mismos...


Una espiral en movimiento con la intensión de provocar vértigo nos da la bienvenida al trabajo visual que sirve de promoción para "Shade of sorrow". Entre sombras e imágenes sobrepuestas alcanzamos a distinguir a los tres miembros de Electric Monolith, aunque el poderoso efecto de pirámide logra hacernos entender que la triada es la base para el concepto auditivo y visual de la banda. Fractales, neblina y espejos recrean un ambiente místico y psicodélico donde la interpretación del track por el grupo se convierte en el centro de la colección de imágenes; un recuerdo vivo de aquellos viejos trabajos de la televisión antigua que mostraba a los grupos tocando en las trasmisiones en vivo y los camarógrafos aplicaban los más diversos efectos para darle mayor emoción al espectador lejano al escenario.


Electric Monolith está aquí y ahora está sobre los escenarios demostrando lo que sabe hacer de manera directa. El grupo ha compartido espacio con gente como The Wizards, The Necromancers, Colour Haze y próximamente lo harán con Ruby the Hatchet y Doctor Doom, lo que nos habla de una banda con excelentes referencias sonoras para formar parte de buenos carteles. Sin embargo, a nosotros como público nos toca escuchar detenidamente el Resurrect the dead para exprimir de él todo el jugo que contiene y todos los elementos propios que ayudan a alimentar a una escena tan competida como la del heavy psych, además de disfrutar de aquellos sonidos inspirados en el pasado que hoy son retomados para crear nuevos tesoros y nuevas vibras auditivas...


martes, 10 de julio de 2018

Lucifer : el regreso de la bruja rubia


Cuando escuchamos el álbum debut de Lucifer (reseña-review), sabíamos que estábamos frente un disco obscuro clavado en el hard rock vintage cercano a los primeros instantes del doom que se convertiría en referencia obligada del género para esta década. La nueva banda creada por la rubia obsesionada con la magia, la superstición y la numerología tras el rompimiento de The Oath y el reconocido guitarrista Gaz Jennings de Cathedral y Death Penalty volvería a colocar al tenebroso sonido de guitarras distorsionadas y riffs enigmáticos en su merecido nicho; pero tras la gira proporcional del disco, el guitarrista anunció su salida. Había llegado el momento para Johanna Sodanis para su reconfiguración.

Al enterarse de la noticia, el mítico guitarrista sueco Nicke Andersson quien había formado parte de emblemáticos proyectos como Entombed, The Hellacopters y Imperial State Electric se acercó a su amiga para reconstruir a Lucifer. La idea original del grupo era crear música inspirada en el hard rock heredero de la psicodelia más ácida como Deep Purple, Black Sabbath, Steppenwolf o Blue Öyster Cult, por lo que Andersson inyectó toda su energía para componer junto con Sodanis una colección de temas potentes que mantuvieran el halo misterioso que la rubia alemana siempre ha impreso a sus bandas.


Para complementar el nuevo concepto, Nicke Andersson contactó a Robin Tidebrick, quien aprovechó una pausa de su banda de hard rock y proto-metal Saturn, para que hiciera todas las guitarras principales. Fue así que el trío se metió en el verano de 2017 a los estudios The Honk Palace para grabar el segundo volumen de Lucifer, un álbum grabado completamente por el propio Andersson, mezclado en España por Ola Ersfjord (quien es conocido por su trabajo con Tribulation y Dead Lord) y masterizado por Magnus Lindberg (quien ha trabajado con Cult of Luna, Black Bonzo y Greenleaf).

Desde sus primero acordes, Lucifer II difiere de su antecesor en sus líneas melódicas más luminosas, la fuerza de su interpretación y los ritmos infecciosos que inmediatamente sueltan su veneno desde la primera escucha. Todos los instrumentos fueron interpretados por el demonio de Estocolomo, lo que demuestra su compromiso con el proyecto y la influencia que inyectó sobre él. Finalmente tenemos la oportunidad desde los primeros días de julio de 2018 de poder escuchar el disco completo a través de Century Media Records y comprobar con nuestros propios oídos al renovado Lucifer.


Por momentos podemos detectar en Lucifer II el hard rock violento bajo la más clásica escuela sueca como en "Aton" y "Phoenix", pero es innegable la intención de Andersson de respetar el sonido alcanzado por el proyecto en su álbum debut; por lo que se degusta fácilmente el proto-metal  con suaves líneas melódicas creadas por Sadonis inpirada en Heart y Fleetwood Mac en "Reaper on your heels" y "Before the sun. Por si fuera poco, y fiel a su estilo, la rubia bruja alemana rescata aquel sabor proto-doom en nebulosos temas como "Dreamer" (un recuerdo directo al The Oath junto con la bella guitarrista Linnéa Olsson) y "Faux Pharaoh" (con un cierto sabor a Uncle Acid & the deadbeats por medio de sus guitarras desgarradoras y aletargadas que terminan transformándose en un heavy metal hiriente).

Como primera muestra del cambio que se escucha en Lucifer II, la banda publicó en mayo de 2018 a través de sus redes sociales como su primer single "California son", tema inaugural del álbum que sin duda está clavado en el hard rock sueco gracias a su entrecortado ritmo insistente que desborda pasión y energía mientras nos permite enamorarnos (otra vez) de Johanna Sardonis. Un ligero toque de teclados se escuchan como ácido telón mientras los instrumentos de cuerda marcan la figura hipnótica y la batería rompe con todo lo que podríamos esperar. Los solos de guitarra se superponen unos sobre otros hasta que los acordes nos regresan definitivamente al sendero inicial, sin embargo, al pasar los tres minutos y medio que dura la canción, poco a poco vamos subiendo la mirada de la ardiente carretera al cielo estrellado mientras una densa nube se posa sobre nosotros para anunciarnos la fuerte tormenta que se avecina.

Bajo su imagen de entallado cuero negro, Johanna Sadonis se sube a la moticicleta para recorrer los polvorientos caminos mientras las bocinas explotan al ritmo adictivo de "Califonia son". Para completar el club sobre ruedas, Robin Tidebrink y Nicke Andersson aceleran y queman los neumáticos sobre el asfalto que está bajo sus pies. Este es el concepto visual que sirve de video promocional para el primer single de Lucifer, un trabajo realizado por la casa productora Klinta-Forsberg y dirigido por la propia rubia alemana. Son innegables las influencias en este video surgidas directamente de las viejas películas de bandas de motociclistas que azotaban los caminos de California en los años 50's y 60's como "The wild one" (1953), "Born losers" (1967), "Easy rider" (1969) y, por supuesto, "The girl on a motorcycle" (1968) con Marianne Faithfull enfundada en su traje negro.


Para promocionar Lucifer II, la banda ha incluido en su lista de integrantes al bajista austriaco Alexander Mayr y al guitarrista Martin Nordin, éste último integrante de la banda sueca de hard rock Dead Lord; con la intención de recrear en vivo lo alcanzado por Nickle Andersson en el estudio, dejando de manera sorprendente a éste en la batería. Tras unas semanas de prueba, Lucifer incluyó a Linus Björklund como otro guitarrista más, pero su ingreso habla de los compromisos que Robin Tidebrink tiene que cumplir con Saturn. La rubia bruja ha regresado y no lo ha hecho sola, pues el demonio de Estocolmo está a su lado como su diablo protector, así que ahora es nuestro turno de escuchar detenidamente los nueve temas que conforman el segundo álbum de Lucifer para saborear detenidamente su obscuridad mientras su misticismo ahoga la atmósfera, mientras la magia de lo desconocido nos toma por sorpresa y mientras nos deleitamos ante aquella mujer en cuero negro frente al micrófono...


sábado, 30 de junio de 2018

Graveyard : limpiando la sangre del pasado


Cuando se anunció por las diversas redes sobre la desintegración de Graveyard, el mundo de hard rock vintage se desmoronó, pues una de sus pilares fundamentales dejaba de existir. La referencia obligada del sonido sueco revival terminaba su existencia por una diferencia irreconciliable entre sus fundadores, por lo que la única opción en dicho momento era el silencio absoluto. Sin embargo, a principios de 2017 se publicó la noticia que informaba el regreso del coloso mediante algunos cambios en su alineación.

Las correrías que conformaron el Innocence & decadence presentado en 2015 denotaban las prisas por alcanzar un sonido propio mientras el hard blues se escapaba como arena entre las manos. La áspera voz de Joakim Nilsson lanzaba palabras como las órdenes de un capitán pirata que intenta mantener su barco a flote en medio de la tormenta. Los redobles de Axel Sjöberg buscaban seguir el paso del viejo marinero, pero todo terminó en la borda tras una época de encono y falta de conciliación que pudiera llevar a la embarcación a buen puerto.


Al final del día, la icónica banda sueca se reconstruyó al recibir a Oskar Bergenheim como nuevo encargado del tiempo mientras Sjöberg se refugió con John Hoyles, otro exiliado igual que él quien formó parte de Witchcraft para crear un extraño híbrido de rock n´roll y diversión llamado Big Kizz. Sin embargo, la mutación de Graveyard logró reafirmar el estilo definido del grupo tras 10 años de carrera, pero los llevó a replantear algunos conceptos líricos y darle mayor intensidad a su sonido patentado por Nilsson junto el bajista Truls Mörck y el guitarrista Jonathan Larocca-Ramm.

Fue así que el cuarteto reformado se metió a los estudios Park ubicados en Estocolmo entre diciembre de 2017 y febrero de 2018 bajo las órdenes de Chips Kiesbye para grabar su quinto disco de estudio, mismo que sería publicado hasta mayo bajo el nombre de Peace, referencia obligada al nuevo estado mental de Joakin Nilsson tras la separación. Este material sería terminado de grabar en los míticos estudios Music-a-matic para ser mezclado por Stefan Boman, quien ha trabajado con The Hellacopters y Dozer, lo que se vería reflejado en el resultado final. 


La banda de Gotemburgo nos ofrece en este nuevo disco un sonido más fuerte donde el trabajo de estudio logra contener como si estuviera encapsulado, como si fuera una explosión interna que se limita a quebrar la mente pero no se ven sus estragos en el exterior. Si lo quisiéramos psicoanalizar, Peace es una especie de catarsis que comprueba la furia y el deseo de un grupo por seguir vivo a pesar de las contrariedades. Acordes secos basados en líneas melódicas sencillas que logran su fuerza a partir de la intensidad y el volumen, ritmos agresivos basados en una o dos notas que alcanzan su clímax por medio de la inconfundible voz del líder y los riffs de guitarra que rompen lo que podría sonar monótono.

El indomable arranque del disco que se escucha en "It ain't  over yet" nos recuerda la intensidad del Innocence & decadence con la intensión de hacernos entender que Graveyard está de regreso.  Los cambios melódicos de "Cold love" intentan regresar hacia algunos panoramas saboreados en Lights out, aquel disco de 2012 que terminó por definir un estilo propio del grupo y establecerlos como la banda más importante de su natal Suecia (reseña-review). Sin embargo, Peace se distingue por los diversos arranques de rabia contenidos que bien podemos escuchar en temas como "Walk on", "Low"y "A sign of peace"; pero alcanzan su suave equilibrio con los respiros y remansos que se escuchan en "Del manic" y "See the day", éste último tema que es extrañamente cantado por el bajista Mörck  junto con el tema "Bird of paradise" con la intención de otorgarle variedad al estilo de la banda.


Si buscáramos un rasgo que identificara al reformado Graveyard, los dos sencillos promocionales de Peace nos ofrecen algunas pistas. Por medio de acordes sostenidos que luego son revestidos con redobles de batería, guitarras intensas y tenues teclados, "Please don't" nos muestra la cara violenta de la banda basada en insistencia, coraje y fuerza. El círculo melódico soportado en dos simples notas que escuchamos en el siguiente single del disco titulado "The fox", logra sumergirnos en esa misma atmósfera pero lo hace a través de la cadencia de su ritmo que nos remite al más fiel sonido de la banda: acordes directos, guitarras de notas sostenidas que denotan sufrimiento, un bajo profundo que amplifica la intensidad del tema, una batería que busca hacerse presente tras el muro eléctrico y la rasposa voz de Joakim recita una melancólica lírica sobre melancolía, muerte y el deseo por limpiar el pasado y encontrar un nuevo comienzo sin una excusa de por medio.


Para acompañar la publicación de Peace, Graveyard presentó el video de "The fox" a través del canal de YouTube de su disquera Nuclear Blast. En el trabajo visual realizado por David Kristersson y Anna Ljungkvist podemos observar a la banda tocando el tema en una casa sin muebles donde solo los amplificadores y los instrumentos acompañan a los integrantes del grupo en cada uno de los espacios que la conforman. Suaves imágenes que utilizan las sombras propias del inmueble y la luz que ingresa por las ventanas para mostrarnos únicamente el poder la música más allá de cualquier historia que nos distraiga. 

Graveyard ha resucitado y nuevamente deambula entre nosotros. Ha recuperado su esencia pero al mismo tiempo tiene nuevas cosas qué ofrecer. Peace es un disco ambivalente que requiere ser digerido de manera lenta y consciente, sin prisas ni prejuicios. Mientras éso sucede, la banda de Gotemburgo se prepara para presentar el álbum sobre los escenarios, lo que será una buena prueba para el grupo transportar aquel sonido retenido pero fuerte logrado en el estudio hacia los diversos espacios foráneos. El tiempo madurará al disco, pero por lo pronto podemos decir que Graveyard ha creado una colección de temas que los vuelve a colocar dentro de la palestra y ahora sólo nos queda disfrutar nuevamente de su propuesta...


viernes, 8 de junio de 2018

Duel : una dosis eléctrica de rock en vivo


Escribir sobre Duel es hacerlo sobre una de las bandas más importantes del hard psych y proto-metal que existen en la actualidad. El grupo de Austin, Texas se ha mantenido desde su inicio como referente obligado si ha buena música se trata gracias a su sabor a stoner y hard rock que arranca en los estudios de grabación y termina explotando sobre los escenarios. 

Como comienza ha ser una costumbre, el cuarteto norteamericano publica en el mes de abril de cada año un material discográfico. En este 2018 no fue la excepción y ahora tenemos la oportunidad de escuchar un material grabado en directo donde podemos comprobar toda su capacidad interpretativa y  su fuerza sonora sin mayor mediación que sus amplificadores a todo volumen. Live at The Electric Church está al aire y la única opción que tenemos es disfrutarlo.


Duel nació en Texas, Estados Unidos a finales de 2014 cuando el guitarrista Tom Frank y el bajista Shaun Avants salieron de Scorpion Child tras la publicación de su álbum debut y algunas discrepancias creativas, por lo que se dedicaron a crear una banda que recuperara aquel hard rock obscuro de principios de los años setenta que a la postre sembraría las semillas de donde brotaría el heavy metal. A este proyecto se sumaron el baterista JD Shadowz y el guitarrista Derek Halfmann quienes inyectaron sus influencias para obtener lo que hoy es el grupo. Desde Black Sabbath y Pentagram hasta Thin Lizzy y Gran Funk Railroad, Duel bebe de aquel momento donde el rock se endureció y se alimentó de dos distintas fuentes: la acidez multicolor de la psicodelia áspera y el misterio oculto en las tinieblas de la noche donde la maldad se esconde.

En abril de 2016 asaltaron al mundo con su Fear of the dead, álbum publicado por la disquera italiana Heavy Psych Sounds Records de Gabriele Fiori, guitarrista de Black Rainbows y Killer Boogie. En dicho debut podíamos deleitarnos con temas crudos y adictivos que nos obligaban a levantar la mano cornuta y disfrutar de las potentes melodías. Durante la gira de promoción del material, el guitarrista Derek Halfmann abandona el barco, pero de manera inmediata fue sustituido por Jeff Henson, quien fue el productor de primer disco de la banda. Sin perder más tiempo, Duel graba su segundo material titulado Witchbanger y podemos escuchar a un grupo más áspero en su sonido con la intención de acercarse más hacia el stoner y el proto-doom.


Durante dos noches de finales de enero de 2018, Duel se presentó en una abandonada iglesia española a las afueras de su natal Austin, Texas con la finalidad de grabar el concierto y publicarlo de manera formal. Así es como tenemos para nuestros oídos Live at The Electric Church, un material que repasa lo hecho hasta el día de hoy por el cuarteto y nos muestra de lo que son capaces sobre los escenarios. Pero por si fuera poco, este álbum fue registrado bajo la lógica del DIY (Do it yourself), lo que se traduce en que la propia banda organizó el evento, grabó lo acontecido y produjo el material obtenido para su publicación.

Fuera de lo que podría esperarse, la banda texana tiene la experiencia suficiente para organizar conciertos y presentaciones gracias al trabajo realizado por el propio Tom Frank en su productora de eventos Wicked Bad. Un ejemplo claro de lo que pueden hacer se observa en el festival Free SX Stoner Jam 2018, evento llevado acabo en marzo de 2018 que juntó a 50 grupos repartidos en cuatro escenarios; de los cuales podemos destacar a Great Electric Quest, The Rare Breed, The Watchers, Amplified Heat, Salem's Bend, Zed y nuestros amigos de 3 Wheeler Band de Monterrey, México.


Live at The Electric Church es un disco directo que logra captar la esencia de Duel sobre los escenarios. Según la descripción hecha por la propia Heavy Psych Sounds Records, a través del álbum se puede respirar la hierba, la sangre y el sudor que se vive en las presentaciones de la banda. Pero más allá de las palabras, escuchar este disco te transporta directamente a alguno de los tantos auditorios donde ha tocado el cuarteto para dejarte parado frente a ellos y rodeado de otros tantos que gozan su música como tú.

Quizá el pecado más recurrente en el que caen los álbumes en vivo es el tratamiento en estudio de los materiales obtenidos, obteniendo así resultados lejanos a la realidad. Sin embargo, Live at The Electric Church fue obtenido por el estudio móvil de Crow Studios directamente de la consola de audio y Duel nos lo ofrece sin mayor tratamiento técnico. Con cuatro temas de su álbum debut y dos del Witchbanger, este disco condensa el sonido que Duel ha confeccionado durante años de trabajo; pero vale la pena resaltar los juegos psicodélicos que no encontramos en las versiones originales de "Snake queen" o la cruda estridencia de los instrumentos a través de los amplificadores como se escucha claramente en "Heart of the sun" y en "Locked outside".


Para iniciar con el pie derecho, Duel nos arroja un feroz picotazo por medio de "This old crow", uno de los temas fundamentales de la banda que sonaron desde sus primeras presentaciones en 2015. El distintivo riff del track marcado por cada uno de los instrumentos de cuerda y los remates de batería nos conectan de manera inmediata con la banda, pero en lugar de aquel arreglo de guitarra ahogado en pedal wah, Jeff Henson disminuye el efecto lisérgico para regalarlos la fuerza bruta de su amplificador. Mientras el juego de guitarras gemelas nos remiten inmediatamente al viejo Thin Lizzy, la densa voz de "The Mole" desgarra las bocinas con sus líricas que bien podrían tratarse de aquel cuervo de Edgar Allan Poe y la batería impacta con su seca fuerza en el pecho para teletransportarnos hacia aquellas mágicas noches en las que Duel dejó todo en el escenario.


En la actualidad existen muy pocas bandas que se animan a publicar un álbum en vivo, quizá un poco por temor a dejar el cálido resguardo del estudio o quizá por sembrar en el espectador el morbo por saber lo que les podría deparar en sus conciertos. Sin embargo, de manera irónico nos encontramos en una época donde las presentaciones en vivo son fundamentales para el crecimiento de una banda y la difusión de sus propuestas, a lo que bien podríamos sumar el acercamiento que los grupos pueden tener con su público y la maduración de sus materiales discográficos. Duel se ha animado a regalarnos esta pequeñísima joya de lo que saben hacer, así que cuando la banda se anime a visitar su país o su ciudad, no duden en comprarse su boleto y vivir la experiencia de manera directa y presencial...


miércoles, 6 de junio de 2018

Dune Pilot : con las pilas recargas del stoner desértico alemán


El stoner es uno de los conceptos musicales dentro del universo del rock más controvertidos gracias a la ambivalencia que ha sufrido desde que se comenzó a emplear el término a finales de los años 80's. Por un lado tenemos a un género que ha sido utilizado para depositar todo aquello que contenga una distorsión áspera aunque el sonido tenga diversos orígenes e intensiones auditivas, pero por otro tenemos a una vertiente sonora encadenada a un estilo basado en algo de rock fuerte inspirado en las primeras estridencias de finales de los 60's mezclado con algunos instantes del movimiento alternativo y una que otra referencia alucinógena. 

Quizá uno de los estilos más definidos dentro de esta perspectiva sonora sea el rock desértico nacido a partir de la llamada escena de Palm Desert, en California a partir de lo hecho por la mítica banda Kyuss. Sin embargo, aquellos sonidos rasposos ya se escuchaban en otras partes del planeta bajo otras perspectivas; pero hasta el día de hoy se han aferrado por seguir siendo un punto de inspiración para las bandas y ha mantenerse dentro del gusto del público. Una de ellas nos llega desde Munich, Alemania con el objetivo de no dejar morir a este concepto musical por medio de saturar de arena nuestras bocinas... ellos son Dune Pilot.


A finales de mayo de 2018 fue presentado Lucy, segundo material discográfico del cuarteto alemán bajo aquella estética que desarrollaron en su debut Wetlands de diciembre de 2014 (reseña-review). De nuevo se escucha el feedback para darnos la bienvenida y recetarnos un endemoniado riff acelerado sin compasión que nuevamente nos recuerda la pasión de Dune Pilot por los grupos en los que ha estado John García, desde Kyuss hasta Vista Chino, sin olvidar obviamente a Slo Burn (de donde nace el nombre de la banda).

Para esta ocasión, Dune Pilot busca refrescar su stoner desértico con algunos elementos nacidos en otros géneros. Como ejemplos claros tenemos el hard blues eléctrico de "The willow" por medio de su maravilloso teclado, los instantes aletargados derivados del proto-doom que se escuchan en el puente de "Postman" o las desoladoras figuras de "Sit back" que termina explotando como esquirlas de granada por todos lados que sólo pueden tener su referencia en el southern metal.


Lo que bien nos podría sorprender es que Lucy ha sido grabado de manera directa por los integrantes de la banda dentro de un mismo espacio y al mismo momento. Dune Pilot entró al estudio Tonmeisterei en Oldemburgo, Alemania  para registra su segundo álbum, lo que le otorga un halo de inmediatez, fuerza bruta y gran dominio técnico. Sin lugar a dudas, durante los nueve tracks que componen el material nos demuestran la integración que ha logrando el grupo tras su formación en 2013: las ásperas guitarras de Chris Schmidt que mágicamente se transforman en oníricas líneas que nos arrastran por terrenos oníricos, la seca voz de Andris Friedrich que a cada fraseo termina desgarrando las cuerdas vocales, la gravedad de las notas que surgen del bajo eléctrico de SH Liklikadze y el poder de las percusiones aniquiladoras de Georg Bruchner.

Lucy nos toma de la mano para darnos un alucinante paseo donde podemos encontrar pasajes suaves que a la vuelta de la esquina se transforman en bestias indomables como en "Griper", pero de manera general se puede sentir en sus surcos la tormenta de arena que intenta cubrirlo todo de forma violenta. Su stoner desértico basado en el sonido del pedal fuzz nos lleva irremediablemente a recordar a los suecos Truckfighters, pero Dune Pilot logra establecer su estilo propio a fuerza de figuras herederas del metal y juegos vocales armónicos nacidos del rock alternativo.
Como carta de presentación, Dune Pilot utiliza la inaugural "Loaded" como primer single de su Lucy. El tema arranca de manera desgarradora por medio de figuras rápidas y sostenidas que entran en el cliché del stoner desértico californiano, pero una vez que han atrapado al escucha, la velocidad cede para dar espacio a suaves paseos oníricos que permiten hacer explotar nuevamente al tema con un venenoso solo de guitarra. Distorsión que nos obliga tomar asiento sobre un bólido para quemar las sus llantas sobre el ardiente asfalto de alguna carretera olvidada a la mitad del desierto. Bajo la advertencia de  I'm loaded, I gotta get some action sabemos que Dune Pilot ha regresado con las pilas recargadas para ofrecernos otra descarga de rock arenoso lleno de energía como aquel que ya nos habían regalado en su debut.

Con la intención de reflejar aquella esencia en directo de la grabación de Lucy, el video que acompaña el lanzamiento de "Loaded" nos muestra escenas del cuarteto alemán sobre el escenario. Fuerza e intensidad que demuestran la potencia de una banda stoner a través de sonido distorsionado y energía compartida con sus seguidores. Una Gibson Les Paul se combina con un bajo Rickenbacker mientras una cerveza refresca la garganta desgarrada. Entre luces y sudor, el público se satura de volumen y acordes para recargar su cuerpo y seguir en la carretera de la vida...

Dune Pilot está de regreso y tiene la intención de recuperar el terreno perdido durante los años que separan sus dos álbumes. Sin embargo, el grupo de Munich no ha parado de presentarse, lo que le ha permitido compartir escenarios con gente como Karma to Burn, Freedom Hawk, Mars Red Sky, Coven, Planet of Zeus o Sons of Morpheus. Lucy condensa en sus tracks lo que ha construido el grupo durante años de esfuerzo por medio de rock distorsionado y adictivo. Ahora es momento de permitirle la maduración para saber si el álbum resiste el paso del tiempo y lo mantiene como lo es el día de hoy: un disco potente clavado dentro de aquello que llamamos stoner clásico.





lunes, 4 de junio de 2018

Red Mesa : cuando la muerte se disfraza de demonio


Tras el buen sabor de boca que nos dejó el álbum debut de Red Mesa, aquella banda norteamericana de stoner desértico, ahora tenemos la oportunidad de escuchar su nuevo álbum. Han pasado casi cuatro años entre ambos materiales, y como podría esperarse, fuertes cambios han ocurrido durante ese largo tiempo: el sonido, el concepto y hasta los integrantes. Permitimos que el disco nos hable por sí solo para eliminar cualquier prejuicio y dejamos que la mente penetre por sus desoladores pasillos con la intensión de descubrir cuál es la nueva propuesta de la banda y cuáles son los elementos que estuvieron en el pasado y ahora le sirven de soporte.

Bajo el nombre de The devil and the desert encontramos una colección de temas compuestas bajo una misma línea conceptual que confiesan el medio ambiente que rodea a la banda. Más allá del cliché creado por la exitosa serie de televisión Breaking bad, Albuquerque es una ciudad de Nuevo México asentada a la mitad del desierto con su único punto de salvación en el Río Grande. Las arenas azotadas por el sol sirven de escenario perfecto para que la muerte llegue de manera lenta a los cansados cuerpos que han sido abandonados a su suerte. El letargo produce alucinaciones mientras el demonio aprovecha su oportunidad para tentar al ser desesperado.


Red Mesa se metió a grabar su segundo disco durante 2017 con la intención de revolucionar su sonido hasta alcanzar nuevos horizontes difíciles de alcanzar luego de estilo construido en su debut. Brad Fryre en la guitarra y vocales, Shaen Wright en el bajo y Duane Gasper se animaron a cruzar los áridos parajes que rodean su ciudad para encontrar una fuente de inspiración, lo que los llevó a construir una serie de temas contradictorios entre sí que al mismo tiempo corrían por una dirección distinta a su primer disco. Por un lado crearon varios tracks con esencia acústica que viajan de manera introspectiva por el rock alternativo, el country-folk y hasta el progresivo, pero por el otro encontramos poderosas melodías distorsionadas que vagan entre el stoner más crudo y el letargo de un misterioso doom ácido. 

En agosto de 2017 se anunció la salida de Wright tras una serie de presentaciones con otras bandas reconocidas como Ruby the hatchet, Youngblood Supercult, Earthless y Cloud Catcher. Al poco tiempo también se retiró Garper, dejando a Brad Fryre a finales del año solo con un nuevo álbum de Red Mesa bajo el brazo. Sin mayor tiempo qué perder, el guitarrista se dedicó a los nuevos integrantes hasta encontrar en dos ex-miembros de la banda doom y sludge Jagged Mouth a los miembros ideales: el bajista Randy Martinez y el baterista Roman Barham.


Cuando escribimos en Earthquaker sobre el debut de Red Mesa (reseña-review), nos encontramos con un disco basado en un stoner rabioso y áspero inspirado en el hard rock setentero. Sin embargo, en The devil and the desert tenemos a otra banda a pesar de haber sido grabado por las mismas personas. De manera clara tenemos dividido el álbum dividido en dos partes, lo que significaría las dos caras de la grabación en vinilo. En el lado A tenemos un sombrío sonido basado en guitarras acústicas y slides eléctricos de sabor eléctrico que poco a poco nos sumergen en una densa atmósfera desolada y onírica. "Devil come out to play" mantiene un estilo bluesero que ya habíamos escuchado en el primer disco del grupo, pero su ritmo cae en el rock al más puro estilo southern. La melancolía ahoga el panorama sonoro bajo los lúgubres acordes de "The devil's coming round" para terminar en una balada tenebrosa, misma que encuentra su oposición en la desoladora e instrumental "Springtime in the desert" o en el riff incisivo y arreglos místicos que se escuchan en "Desert sol".

En lo que podríamos considerar como lado B, escuchamos tan sólo tres temas que rompen con la primera cara. Como si la banda quisiera rescatar aquel sonido basado en guitarras distorsionadas y ácidos arreglos, en primera instancia escuchamos "Sacred satura", tema lento y entrecortado que aprovecha los silencios para que el eco de las distorsiones de los instrumentos levante una atmósfera mórbida donde cualquier cosa pudiera ocurrir; pero tras un alucinante puente lleno de misterio, el tema se convierte en una melodía adictiva construida bajo la escuela del viejo hard rock setentero que logra servir de base para un mágico solo en manos de Fryre. El tema que le da nombre al nuevo disco de Red Mesa no abandona aquel velo de misterio y desolación, pero aquí escuchamos la sangre eléctrica que distingue a la banda. En sus aletargados pasos sentimos en la lenta marcha de la muerte que se acerca bajo el asfixiante sol de desierto y la pasiva mirada del maligno que espera arrancarnos el alma.

El tema que bien podría convertirse en el single de promoción para el The devil and the desert según lo que nos respondió el propio Brad Fryre a una pregunta hecha por Earthquaker es "Route 666". Su arenoso riff lleno de veneno muerde para inyectar sus dosis de manera directa a la sangre, una figura instrumental que nos remite a los polvorientos caminos de asfalto que se derriten ante el poder del astro rey. Quizá este tema sea el puente ideal entre el Red Mesa que su debut y el que escuchamos el día de hoy, aunque su esencia stoner que desgarra las neuronas nos transporta de manera inmediata al sonido lisérgico de los primeros discos de Queens of the Stone Age o Monster Magnet. El demonio toma el volante de un V8 para quemar la carretera mientras las dunas llenas de cactus pasan por el espejo retrovisor.


La muerte disfrazada de demonio recorre los senderos olvidados en el ardiente desierto. A partir de esta idea, Red Mesa comenzó su proceso de transición de su estilo sonoro, aunque la transformación llegó hasta el cambio de integrantes, generado así un proceso de adaptación. The devil and the desert ha sido presentado al mundo y hoy nos encontramos degustando sus siete ambivalentes temas, pero quizá sea su presentación sobre el escenario cuando el material termine de madurar y podamos conocer cuáles serán los nuevos rumbos que la banda de Albuquerque tomará. El calor de los estudios de grabación nos ofrecen un álbum bien producido lleno de detalles técnicos que apoyan en la construcción de la sombría atmósfera, pero ahora es el momento de traducir dicho trabajo a la presentación frente al público.

Página de Bandcamp de Red Mesa:
https://redmesarock.bandcamp.com/album/the-devil-and-the-desert