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miércoles, 21 de febrero de 2018

El Jefazo : referencia obligada al mágico ruido instrumental


Si intentamos establecer un tridente del stoner ruidoso e instrumental en Perú, de manera obligatoria tendríamos que escribir los nombres de Satánicos Marihuanos, Ancestro y El Jefazo. Para complementar el tercio de reseñas al respecto, hoy dedicamos algunas palabras para esta última banda, la cual fue realmente la culpable de enamorar los tímpanos de quienes buscamos música desgarrada y sin voz, dirigiendo de la misma manera a lo que ocurría desde hacía varios años en las tierras andinas.

Fue en junio de 2016 que a través de la disquera argentina South American Sludge Records  (fundada por el ex-Natas Sergio Ch.) conocimos el álbum debut de la banda originaria de Lima, la cual es un poderoso trío conformado por el bajista Carlos French, el guitarrista Bruno Sánchez y la batería de Renán Monzón que desde la fuerza cavernaria de percusiones directas y explosivos amplificadores a todo volumen nos ofrece un áspero sonido que sacude la tierra desde sus cimientos.


Una impresionante ilustración realizada por el artista plástico Carbunclo nos muestra de manera fehaciente las influencias sonoras de El Jefazo, con la intención de advertir desde la portada del disco lo que podríamos encontrar en su interior: el áspero panorama desértico nos remite al stoner, la onírica figura central y las diversas alimañas que reptan por doquier hacen referencia a la psicodelia más dura, y los dos extraños seres bajo su espectral túnica no pueden significar otra cosa

Sin embargo, aprovechando el re-lanzamiento en este 2018 del álbum debut en versión vinilo a través de Forbbiden Place Records y Necio Records con una portada alternativa realizada por Andrea Nakasato, hoy tenemos el pretexto perfecto para analizar el primer material de El Jefazo con la luz del tiempo transcurrido desde su publicación original, para preparar el terreno en lo que sale el siguiente disco que la banda ya se encuentra componiendo, y por qué no, para disfrutar su potencia nuevamente.


La leyenda cuenta que todo inició en 2014 cuando en un pequeño local de ensayos tres amigos se juntaron para jammear riffs al estilo del primer Black Sabbath, pero todo terminó en una serie de composiciones concretas que muestran la furia del metal primitivo salpicado de reminiscencias lisérgicas sercanas al stoner arenoso de la Califonia de finales del siglo pasado e instantes de las figuras aletargadas del doom. Con el paso del tiempo, el primer disco de El Jefazo se ha convertido en un clásico. Quizá ésto último pueda sonar a una exageración, pero para quienes nos hemos sumergido en las pantanosas aguas del mágico ruido instrumental hecho en América Latina, el disco se ha convertido en referencia obligatoria.

El Jefazo arranca con un tema directo de acordes ásperos llamado "Portal", sirviendo como una declaración de intenciones breve y concisa, pero al sonar por las bocinas "Estampida", todo se derrite a nuestro alrededor como si la realidad intentara fugarse de las cadenas que la amarran a nuestros sentidos, logrando por momentos sumergirnos en densos abismos difíciles de librar. Diversos efectos de sonido buscan distraer nuestra atención, pero todo vuelve a caer por su propio peso gracias a los riffs repetitivos y las alucinantes bases sonoras que los acompañan. Esta situación queda demostrada en "Río tinto" y "Gadawan Kura", aunque en la cerradora "El cañón de la eternidad" la banda logra hacernos despegar los pies del suelo para estrellarnos contra el manto nocturno.
La joya de la corona es "Megalodonte", una bestia prehistórica pesada que a través de su paso por las primitivas aguas nos hipnotiza hasta dejarnos paralizados. El bajo y la guitarra se convierten en una sola entidad que patrulla desde las zonas abismales del océano hasta los rincones más obscuros del universo, un gigantesco monstruo de poder único jamás igualado. Inesperadamente, el tema cambia de ritmo para crear una melodía que nos atrapa inmediatamente gracias a su infecciosa figura, pero todo se vuelve tenebroso nuevamente al mostrarnos la feroz mandíbula que sin compasión nos devora de un solo trago.


A finales de diciembre de 2017 fue presentado el video para "Megalodonte", un trabajo visual realizado por RuidoFilms donde podemos observar la eterna lucha por la sobrevivencia en un universo caótico. Por medio de hipnóticas ilustraciones atascadas de color, presenciamos la evolución de un ser, que desde el polvo de las estrellas hasta su crecimiento en un mar violento, llega a convertirse en el mayor depredador que ha tenido este planeta. Entre galaxias olvidadas y rituales paganos dedicados a reliquias prehistóricas, la música de El Jefazo satura las bocinas hasta hacernos caer por un psicodélico agujero negro sin final.


Hay muchos tesoros escondidos en Perú como Pradhana, Brothers of the Sun o The Dead-End Alley Band, los cuales han creado un portal abierto junto al tridente instrumental del que forma parte El Jefazo por el que logramos desenterrarlos para disfrutar de todo su potencial sonoro y su calidad interpretativa. Aquí está de nuevo el debut del trío de Lima, un material que al escucharlo nuevamente nos despierta el deseo por saber cómo será el siguiente. Dejemos que pase el tiempo mientras permitimos que las neuronas se diluyan entre guitarras ahogadas en su propia distorsión...



lunes, 19 de febrero de 2018

Greta Van Fleet : al borde de la oscuridad


Por: Clandestino Bocafloja 

El rock estaba de luto. Las recientes pérdidas de creadores majestuosos del sonido estridente paralizaron la escena durante el 2017; la muerte de Chris Cornell fue la principal de ellas. Invadidos por una saga interminable de ritmos indeseables, aquel año cocinaba con paciencia esa recompensa para nuestras hambrientas almas deambulantes en busca de una pizca de seriedad en la música. Unos le llaman esperanza, otros le llamamos paciencia.

Estados Unidos de Norteamérica es mucho, mucho más que políticas racistas y espionaje cibernético; hay pequeñas ciudades como Frankenmuth en Michigan, en la parte fría de ese país, que de vez en cuando brindan el destello que la humanidad necesita. Desde el 2012, un trío de hermanos con apellido Kiszka; Samuel y los gemelos Joshua "Josh" y Jacob "Jake"  junto al baterista  Kyle Hauck, todos oriundos de esta ciudad gringa, dieron vida a una banda denominada Greta Van Fleet. El origen del nombre no es tan relevante, al menos no tanto como el estruendo que estaba por nacer; aunque la curiosidad nos hace escribir que todo surgió del nombre de una vecina hasta mutar en un juego de palabras.


A lo largo de los años, varias bandas han tomado el estandarte musical de Led Zeppelin e incluso imitado los riffs y acordes de la legendaria banda comandada por Robert Plant y Jimmy Page; entre esa larga lista de varias décadas encontramos a Rush en los 70, a Soundgarden en los 90 o a Rival Sons en este siglo, grupos que en su momento nos dieron ese fulgor de reclamo, ansioso y descarado.

Sin embargo, Greta Van Fleet confiesa que sus influencias van más allá de Led Zeppelin y mencionan a John Lee Hooker y a Robert Johnson como motivadores de su lírica; hay mucho de cierto en ello. Josh tiene ese alcance vocal similar al de Robert Plant en sus primeros años, altas notas que estremecen y el impulsivo jadeo sin restricciones, lo cual es una delicia que se agradece: Jake, por su lado, tiene la mística y habilidad de Page en cada rasgueo; entradas exactas y nada exageradas. Sam es un bajista nato, la comparsa que marca el cambio en cada canción es suya; es la parte fundamental que da soporte al grupo al distribuir las notas para que la banda luzca como lo hace.


Hablando de Hauck, él sólo estuvo un tiempo en la batería para en 2013 ceder el lugar a Danny Wagner quien mostró que estaba a la altura del grupo; su forma de golpear los tambores es un descaro que emociona, principalmente en los platillos que no ensucian el siguiente redoble. No es el "Bonzo" Bonham, pero se acerca lo suficiente.

A finales del 2014, el grupo saca un EP en vivo con temas que incluso grabaron antes de que el anterior baterista abandonara el barco. “Cloud Train”, “Standing On” y “Highway Tune” formaron parte de este primer puñetazo que invocaba al más fiel hard rock de los años 70's. Sin embargo, por razones obvias, sólo “Highway Tune” fue considerada para aparecer en el primer EP de estudio junto a tres temas más que completan la lista: “Flower power”, “Safari Song” y “Black Smoke Rissing”, siendo este último el que da el nombre al disco que fue presentado hasta abril del 2017 bajo el sello de Republic Records.


“Highway Tune”, el primer sencillo, es un vaso con cerveza fría después de haber caminado por días interminables bajo el desierto; Jake inicia con ese riff que no sacaremos de la mente durante semanas completas. Después, Sam acompaña el sonido Zeppelin sin prisa, generoso. El grito característico al puro estilo Plant se escucha a los 13 segundos de iniciado el track y entonces, comprendemos que todo ha valido la pena. 


Para noviembre del mismo 2017, el siguiente golpe de Greta Van Fleet fue sacar el segundo de tres EP´s que tienen planeado para complementar un álbum completo. Por lo pronto, el tercer lanzamiento está programado para salir a mediados del 2018. Por lo pronto, bajo el nombre de From the fires encontramos los 4 temas del primer EP, además de 2 temas nuevos y 2 covers: “A change is gonna come” de cantante de soul Sam Cooke y “ Meet on the ledge”, del grupo británico de folk Fairport Convention. Hablando de los tracks propios, “Talk on the Street” y “Edge Of Darkness”, ellos mantienen la influencia original, y sin la intención de mentir, fue lo mejor que pudieron hacer. Quizá esta última es sin duda la favorita porque tiene esa esencia acompasada de “D'yer mak'er”; pero en lugar de expresar del dolor y desesperación por el amor perdido, el cuarteto americano nos lleva de la mano y sin prisa: “ All my brothers we stand, for the peace of the land is there meaning, I´ve got love in my heart for an army apart, i´am bleeding”.


Los ocho tracks que componen From the fires no son suficientes para el melómano que llevamos dentro, así que esperamos que la tercera parte del proyecto de Greta Van Fleet sea tan bueno como los dos anteriores gracias a su intención de retomar ese estilo que dio origen al hard rock y el blues eléctrico evocando a una de las más grandes bandas de todos los tiempos gracias a la influencia de su padre quien vivió esos años musicales y esplendorosos de los 60's y 70's; añadiendo además un estilo fresco que sólo la juventud puede inyectar.

A raíz de su promoción en todas las listas de música, Greta Van Fleet ha obtenido innumerables premios y reconocimientos, lo cual le ha valido que sus canciones vayan tomando fuerza a nivel mundial. Sin embargo, el poder de la banda no se encuentra sólo en sus trabajos en estudio, sino en  su calidad interpretativa sobre los escenarios; generando nuestro deseo ardiente por tenerlos pronto de visita en nuestro país...




viernes, 16 de febrero de 2018

Fu Manchu : cuando un nuevo sonido se vuelve inquietante


¿Qué más podría ofrecer una banda con una larga carrera de casi 30 años, 11 discos y un estilo inconfundible? Pues la clásica banda de stoner desértico Fu Manchu acaba de publicar hace unos días su décimo segundo álbum de estudio bajo el nombre de Clone of the universe, un material que sin perder la esencia de la banda logra mostrar nuevos sonidos que expenden sus posibilidades melódicas.

Siempre ha sido difícil escribir sobre el stoner ya que fue incluido en aquel santo grial a una serie de bandas que tuvieron su inspiración en las ásperas arenas del desierto californiano y las mezclaron a principios de los noventas con las diversas tendencias del hard rock, desde el sonido pesado de finales de los setentas, el metal y hasta el emergente grunge. Nombres como Masters of Reality, Kyuss, Slo Burn, Nebula y Queens of the Stone Age formaron parte de aquella ola bautizada como escena de Palm Desert, aunque hubo una banda que ganó por méritos propios su reconocimiento dentro del género: Fu Manchu.


Los años han pasado y el grupo originario de San Clemente, California se ha convertido en una de las referencias obligadas del stoner, pero más allá de las etiquetas, Fu Manchu definió un sonido propio que con el tiempo se transformó en su marca personal. Siendo ellos mismos su propia competencia y punto de comparación, el cuarteto liderado por el guitarrista y vocalista Scott Hill construyó un pesado disco que rompe con algunas etiquetas autoimpuestas, logrando crear quizá uno de sus mejores materiales en su larga discografía.

Ya desde el Gigantoid de 2014 se podía palpar la orientación pesada que estaba tomando la banda, aunque en aquella ocasión el tema espacial se convirtió en el principal concepto más allá de la propia música. Ahora con Clone of the universe podemos disfrutar de un disco denso en el que su poder está centrado en la música y la energía que concentran el bajo de Brad Davis, la batería de Scott Reeder y la guitarra de Bob Balch, integrantes de Fu Manchu junto con Scott Hill desde 2001.


El cuarteto californiano se metió al estudio The Racket Room entre los meses de junio y agosto de 2017 bajo las órdenes técnicas de Jim Monroe, quien además de grabar el álbum, fue el ingeniero de sonido y mezcló el material. Para terminar de pulir el disco, Carl Saff masterizó los siete tracks que conforman el Clone of the universe, obteniendo un excelente resultado que inmediatamente hacer sentir la diferencia con álbumes anteriores; así como lo hizo con otras bandas tan distintas entre sí como Telekinetic Yeti, Mother Island o Bionic Caverman.

El disco arranca con "Intelligence worship", tema que nos hace recordar las épocas de la banda con Brant Björk a finales de los noventas, pero una vez delimitado su terrero, Fu Manchu despega a nuevos espacios sonoros. Clone of the universe puede ofrecer aletargadas melodías que pasan de la nula gravedad a la explosión en unos cuantos segundos como en "Slower than light" o "Nowhere left to hide" con su ligero toque doomy, para después sorprendernos con los riffs violentos llenos de intensidad eléctrica como en "(I've been) Hexed" o la tormenta de meteoritos que es "Don't panic" con su sabor a stoner arenoso. Sin embargo, la mitad del disco se la lleva la gigantesca "Ill mostro atomico", un track de 18 minutos que nos devora como agujero negro para teletransportarnos a otra galaxia gracias a sus constantes cambios de ritmo y los pequeños toques mágicos inyectados por la guitarra del legendario Alex Lifeson de la banda progresiva Rush.


"Un futuro reformado, tiempo en reversa y una señal desde el centro. Ojos sin rostro observan. Ellos lo usaron primero y continúan caminando hacia la clonación del universo. Millones de caras, pero la multitud se dispersa y el sonido es inquietante. Destruyen mentes en este momento. Tú eres testigo y lo puedes confirmar, esta vez es para siempre..."

El primer corte promocional para el Clone of the universe es el tema que le da nombre al disco. Fu Manchu publicó un video con la lírica de la canción a través de su canal de You Tube a mediados de enero de 2018, lo que permitió al grupo colocarse nuevamente en los reflectores. Sin perder el característico estilo vocal de Scott Hill quien recita en lugar de cantar, el track se distingue por su cortante figura que poco a poco se transforma en una melodía fuerte y acelerada que nos permite encontrar a un grupo dispuesto al cambio y a la experimentación. El pequeño solo de guitarra es asesino, pero tras los insistentes remates de la batería, todo se convierte en una abismal y aletargada figura con la intención de perder a cualquiera. "Clone of the universe" es una pequeña joya de tres minutos que de manera sencilla nos muestra las nuevas posibilidades sonoras del grupo.


Con la publicación del nuevo disco, Fu Manchu está de regreso también sobre los escenarios. Su próxima gira llegará a Europa y a varias ciudades de Estados Unidos, por lo que cruzamos los dedos para que algún aventurado promotor realice las gestiones para hacerlos cruzar la frontera. Mientras nuestro deseo se cumple, sólo nos queda disfrutar de los diversos senderos que ofrece Clone of the universe y las distintas galaxias que contiene en su interior; un álbum que demuestra que sólo los buenos vinos son los que mejoran con el paso del tiempo...


miércoles, 14 de febrero de 2018

The Froys : entre mariscos, guitarras y fuzz


En un rincón del barrio de San Lorenzo Tezonco, dentro de la delegación Iztapalapa de la Ciudad de México, existe un famoso restaurante especializado en mariscos llamado El Tío Froy. Ustedes se preguntarán ¿en qué momento Earthquaker se convirtió en un blog de recomendaciones culinarias en lugar de musicales? Pues en este pequeño local nació una banda llamada The Froys, y para escribir sobre su historia y su estilo es obligatorio tomarlo de referencia... así que aquí van algunas palabras para esta reciente propuesta.

Tres generaciones bajo el nombre de Froylan trabajan en esta marisquería mexicana, pero en la última de ellas la semilla de la música creció hasta que fue compartido el trabajo entre el restaurante y una banda de rock. Dos hermanos y un primo decidieron formar un grupo en 2013, pero los compromisos escolares y laborales fueron llevando a la banda a diversos cambios de alineación y estilos musicales, siendo hasta mediados de 2016 que todo quedó bajo el nombre de The Froys (en honor a su familia) y un estilo de power trio con los miembros originales. 


Sin embargo, no todo quedó en un tributo a través de su bautizo, ya que The Froys recuperó la influencia marina en su música para crear un cóctel de surf, garage ruidoso y hard rock obscuro de principios de los setentas. En un primer momento, el grupo pasó de la música pesada vintage al estilo de Wolfmother o Apolo para dar paso a sonidos más crudos pasando por el garage alternativo de Pixies y la nueva psicodelia sucia de Ty Segall hasta llegar al poder del fuzz, quien tomó el control para no soltarlo jamás. 

Un click en el botón de play nos basta para sentir la brisa playera, recibir el olor a pescado fresco y tronar las bocinas con música directa que rasga los tímpanos con su áspero rugido. Sin embargo, no todo queda en ritmos acelerados enlatados en el esquema del surf garage clásico, pues de manera inesperada, la banda baja las revoluciones para sumergirnos en las profundidades abismales con la intención de obscurecer cualquier signo de luz solar.


Más allá de aquel look playero de camisetas coloridas y bermudas, los tres chicos de frondosas cabelleras que recuerdan a Buzz Osborne de The Melvins o a la pareja base de The Mars Volta nos ofrecen un sonido multifacético que no queda varado en el cliché. La guitarra ahogada en fuzz de Dylan, las dinámicas figuras en el bajo eléctrico de Kevin y la energía provocada por la batería de Brandon, logran despertar las esperanzas en la nueva generación de bandas mexicanas que se arriesgan y cruzan la frontera de lo establecido para crear sonidos frescos más allá de los estilos conocidos. 

A mediados de 2016, The Froys se encerraron en el Sierra León Studio para grabar algunos temas que posteriormente serían masterizados por Vesubios Grabaciones en su Studio V34, lo que nos hace inmediatamente sentir una relación entre su estilo y el sonido de Cardiel. Por el momento, solamente el tema "From the void" fue publicado en diciembre de 2016 como single de lo que será el EP debut de la banda, aunque el track forma parte del primer compilado de bandas latinoamericanas realizado por Burger Records.


"From the void" arranca con una suave guitarra surf para transformarse en un áspero sonido semejante al romper de una ola sobre nosotros. Una vez hechizados por el frenético ritmo, la melodía se transforma en una aletargada y atormentada figura cercana al proto-doom setentero que por momentos sufre de algunos latigazos sueltos que nos regresan al lecho marino. El agua salada mezcla el garage ácido con el rock denso para crear una ilusión sonora de ansiedad, pero todo vuelve a emerger para correr a toda velocidad con el viento a favor.

Con un trabajo visual realizado por Jess Aguirre y la edición de Iván Almanza, The Froys publicó el video promocional de "From the void" en marzo de 2017. Con las obligadas imágenes de un surf-rider montado sobre las olas, observamos a la banda desde alguna azote perdida de la gran ciudad entre lisérgicos efectos ópticos y amplificadores a todo volumen. Un ojo dirige su mirada de manera hipnótica sobre nosotros mientras la mar se vuelve violenta y tormentosa, pero acercándose al final de la historia, el arriesgado hombre sale de las aguas con la intensión de domarlas nuevamente.


Lo único que queda tras leer estos párrafos es echar un clavado al turbio océano de The Froys en cualquier lugar donde se presenten mientras esperamos la tan prometida publicación de su primer EP. Si aún así no les basta, quizá mientras piden un vuelve-a-la-vida y se toman una buena cerveza helada en El Tío Froy tienen la oportunidad de platicar con los chicos para que les confiesen cuándo demonios sale su disco...


sábado, 10 de febrero de 2018

Wedge : la hostia consagrada del hard psych


Hace algunos años se gestó una tendencia global que llevó a muchas a bandas a componer bajo la estética revival, tomando como principal inspiración aquellos sonidos gestados a finales de los sesentas y principios de los setentas. Alemania no quedó exenta de este movimiento, ofreciéndonos en su momento a excelentes grupos como Kadavar, Heat, Wucan, Mountain Witch o Wegde. Precisamente esta última agrupación acaba de publicar su segundo disco, por lo que ahora es momento de analizarlo y saber si con él lograrán establecerse como referencia obligatoria del hard rock vintage alemán.

Una impactante ilustración nos muestra una mujer lamiendo una plumilla (púa, nib, pick), logrando de manera inmediata atrapar nuestra atención. Esta es la portada del Killing tongue, segundo álbum de Wedge, banda originaria de Berlín con formada por el vocalista/guitarrista Kyryk Drewinski, el bajista/tecladista David Götz y el baterista Holger Grosser. Más de tres años tuvieron que pasar para tener nueva música del power trio y así conocer cuál sería el sendero que le diera continuidad a lo propuesto en su primera obra. Pulsemos el botón de play o bajemos la aguja sobre el vinilo para descubrir lo que esconde su chistera.


A diferencia de su arrebatado y desenfrenado álbum debut que también fue publicado por la disquera Heavy Psych Sounds Records (reseña-review), Wedge ofrece en Killing tongue un material más pensado sin perder aquel sonido directo que logró posicionarlos como una de las  promesas más importantes del revival alemán. Si en aquel primer disco tuvimos algunos chispazos de teclado, para esta ocasión toma un papel más protagonista, lo que permite a la banda a desarrollar nuevos estilos más allá del hard rock clásico de los viejos power-trios. 

A pesar de que la potencia del fuzz y la distorsión baja, Wedge ofrece una colección de melodías concretas que vagan entre hard psych que fundamenta su sonido como en la abridora "Nuthin" o en la agresiva "High head woman" y el rock progresivo de tintes misteriosos como en la onírica "Quarter to dawn" o el occult rock de la reptante "Who am I". El track que le da nombre al disco destaca por su larga introducción que termina creando un riff cortante para crear un contraste con temas más obscuros como "Alibi" o la rocknrolera "Push air" con sus extraños toques funky que se transforman en salvajes instantes bluseros. 


Killing tongue logra romper el molde creado por la propia banda en su álbum debut, aunque bien puede decepcionar a quienes se enamoraron de aquel estilo salvaje que recordaba por momentos a clásicos grupos como Cream o Grand Funk Railroad. Sin embargo, este segundo material ofrece una paleta de sonidos muy variada que bien podría ser un puente hacia nuevas posibilidades para el trío. Lo que si es un hecho es que Killing tongue pierde unidad por apostar a la explosión de opciones, a la libertad compositiva y la experimentación.

Precisamente para encontrar un puente de comunicación entre ambos discos, Wedge escogió "Lucid" como su primer single. El bajo arranca con un riff asesino que es seguido con una guitarra áspera ahogada en pedal wah muy semejante al estilo de aquel debut de 2014. La entrecortada figura de la estrofa sobre un estilo arenoso permite a Kyryk escupir una lírica ácida que hacia su parte media se transforma en una ensoñación psicodélica donde el teclado se transforma en el líder, sin embargo, hacia el final la guitarra vuelve a tomar el control con enloquecido solo, quizá uno de los pocos en todo el álbum.


Una pequeña reunión entre amigos y alcohol se transforma en una onírica aventura que permite a una bella joven tener a Wedge sobre el escenario para ella sola y recibir del sacerdote musical la hostia musical sacramentada, pero todo termina en una persecución donde no se sabrá quién sueña a quien... A través de este pequeña idea escrita por el propio Kyryk Drewinski, Wedge publicó un bien realizado video promocional para "Lucid" en su canal de YouTube a mediados de diciembre de 2017, sirviendo este trabajo visual como primer acercamiento al Killing tongue donde podemos percibir el colorido concepto del álbum y su idea eucarística sobre comunión y música.


Desde este momento ya se encuentra disponible Killing tongue, un material que debe ser digerido con calma si se desea asimilar los cambios musicales que contiene y disfrutar todo lo que se esconde dentro de sus 40 minutos de duración. Asimismo, Wedge ya tiene planeada una gira por Europa para promover el disco, por lo que deberemos esperar para saber cómo se escuchará en disco en directo y tendremos que implorar por una oportunidad para escucharlos en este lado del Atlántico...



jueves, 8 de febrero de 2018

The Lords of Altamont : el salvaje sonido californiano


Al escuchar Altamont, inmediatamente nos viene a la mente el agrio recuerdo de aquel festival celebrado a finales de 1969 donde tocaron reconocidas bandas como Santana, Jefferson Airplane, CSNY y The Rolling Stones y que pasó a la historia por los altercados entre el público y los famosos motociclistas Hell's Angels que terminaron en la muerte de un joven frente al escenario. Aprovechando aquel fatídico encuentro entre el rock sesentero y la violencia motorizada cubierta en cuero negro nace una cruda banda californiana que nos hace guardar las esperanzas por el garage rock y el rock psicodélico más ácido posible.

Tras la celebración de sus quince años como banda, The Lords of Altamont se alejó de los escenarios para reconstruir su sonido y grabar un nuevo material discográfico, el cual fue publicado en octubre de 2017 bajo el título de The wild sounds of The Lords of Altamont por medio de la disquera Heavy Psych Sounds Records. Sin perder el sonido que los ha identificado desde el inicio de este siglo, el grupo originario de Los Ángeles nos ofrece una colección de once temas directos llenos de rock n' roll salvaje y valvular que no puede defraudar a nadie.


Con el liderazgo de Dani Sindaco en las guitarras y Jake Cavaliere en las vocales y teclados, The Lords of Altamont complementa su alineación para este último disco con Steven van der Werff en la batería y Rob Zimmerman en el bajo, además de contar con la producción de Paul Roessler quien ofrece aquel sabor a punk que tuvo la escena californiana de finales de los años 70 y principios de los 80. Sin embargo, si buscáramos enmarcar el sonido del cuarteto tendríamos que colocar en un matraz el rock sucio de The Rolling Stones, la crudeza de The Stooges y MC5, además de los primeros momentos del punk norteamericano en manos de Ramones y New York Dolls.

Aun con lo anterior, The Lords of Altamont logran construir un estilo propio gracias a su gran imaginación compositiva que ofrece una enorme gama de melodías para no aburrir con un mismo sonido durante todo el material, además de inyectar un ligero toque lisérgico gracias al teclado que sirve de contrapunto a las ásperas guitarras y al bajo eléctrico ahogado en fuzz.


The wild sounds of The Lords of Altamont atrapa desde el primer instante gracias a la energía derrochada en "Like a bird", track inicial del disco clavado en un heavy psych venenoso imposible de ignorar heredero del sonido creado por Gabriele Fiori (fundador de la disquera que publica el material y líder de las bandas italianas Black Rainbows y Killer Boogie). Sin embargo este vinilo no se queda ahí, pues bien nos puede ofrecer con temas que no rebasan los tres minutos y medio desde un rock n' roll sin contemplaciones como en "Been broken" o en "I said hey" como una aletargada rabieta como en "(It ain't) Revolution" o en "Where did you sleep", pasado además por un tributo al clásico bluesero "Evil", tema del que hemos escrito anteriormente gracias a sus múltiples versiones (reseña-review). De manera obvia, la sexta entrega del cuarteto californiano contiene punk muy americano como lo demuestra "Death on the highway" aunque inesperadamente todo se transforma en un hard rock directo como se escucha en "Can't lose".

El primer single que se desprendió de este material fue "Going downtown", tema presentado desde julio de 2017 que nace directamente del garage y que remite de manera inmediata a las pandillas motorizadas y a la diversión derivada por una vida en contra de las leyes. La batería marca el ritmo y la guitarra marca un riff filoso como navaja, pero todo ello queda reducido a una breve introducción que abre paso a una melodía descontrolada y furiosa que logra conectar con cualquiera que la escucha gracias a su ritmo y energía. En tan sólo tres minutos el rock n' roll sucio y salvaje entra por las venas para hacernos creer de nuevo en el poder de la música más allá de discursos, posturas y conceptos. Cuatro tipos le suben a su amplificadores para hacer un track directo que demuestre lo que debería ser este género: música, energía y diversión.


Acompañando el lanzamiento del The wild sounds of The Lords of Altamont, la banda publicó un video promocional para "Going downtown", un trabajo visual que nos muestra al cuarteto haciendo lo único que saben: tocar rock n' roll. Cuatro hombres tatuados vestidos de negro con pinta de motociclistas se adueñan del escenario, y armados tan sólo por sus instrumentos, explotan las bocinas en unos cuantos segundos de música infecciosa con un cierto e inevitable sabor vintage.


Regresar a lo básico es quizá la mejor solución para ofrecer algo fresco, directo y sincero. The Lords of Altamont lo han logrado en su último disco, material que se agradece ante la enorme oferta musical que cada día se rebusca en complicados conceptos sonoros que se alejan de la esencia de un género muy definido como lo es el rock n' roll. Si usted busca incendiarios riffs de guitarra, reptantes bajos que juegan sobre las melodías, arrebatadoras baterías y una áspera voz que grita para hacerse escuchar dentro del muro sonoro, The Lords of Altamont será su mejor opción...


lunes, 5 de febrero de 2018

Deadheads : la energía del rock n' roll sueco


De nuevo Suecia lo ha hecho de nuevo... otra vez Gotemburgo es cuna de una bomba sonora capaz de hacer explotar las neuronas, aunque en esta ocasión lo hace a punta de guitarrazos secos y directos sin mayor pretensión que hacer rock n' roll. Bajo el nombre de Deadheads nos encontramos con un cuarteto que desde finales de 2012 está sobre los escenarios compartiendo espacio junto con otros referentes del género como Turbonegro, Monster Magnet o la última banda del mítico Nick Anderson Imperial State Electric; así que ahora es momento de compartirlos.

Hace unos días fue publicado a través de la disquera alemana High Roller Records el tercer disco de Deadhead, un material que lleva por título This one goes to 11 compuesto obviamente por once temas que bien podríamos describir en una sola palabra: energía. En las venas de esta banda corre el sonido garage de The Hellacopters mezclado con los primeros momentos de punk cercano a The Damned, por lo que bien podemos imaginarnos hacia donde se dirige este disco.


Conformada por Manne Olander en las vocales y guitarra, Tim Ferm en la batería, Rickard Hellgren en la guitarra principal y Olle Griphammar en el bajo, Deadheads es una banda de alto octanaje que no queda atrapada en el estigma del rock directo de otros grupos suecos tan distantes entre sí como los mediáticos The Hives o los mórbidos The Damhers, ya que This one goes to 11 logra dar un paso más hacia adelante con temas bien construidos, variadas melodías y una clara producción realizada por Kristoffer Ragnstam y una mezcla hecha por Kalle Lilja que permite apreciar cada instrumento más allá del muro sonoro que construyen a base de alto volumen e intensidad.

Deadheads recupera las líneas melódicas del rock sin mediaciones de mediados de los años sesentas (que también fuera inspiración de la primera oleada punk durante los setentas) para interpretarlo con la fuerza alcanzada por el rock garage de finales de los noventas y principios del nuevo siglo. A pesar de que este concepto pudiera resultar obsoleto, el cuarteto de Gotemburgo logra sonar fresco gracias a sus juegos vocales, a las guitarras bien definidas y a las bases musicales constantes que no caen en la repetición que pudieran convertir al disco en una inaguantable reiteración tema tras tema. 


This one goes to 11 arranca con "Black out" y su golpe directo a la mandíbula llego de guitarras hirientes que no frenan un solo segundo, pero al escuchar detenidamente el disco, descubrimos que éste transita entre la deuda sonora a The Hellacopters con sus melodías pop sesenteras bajo la estética salvaje del garage como en "My time" o en "Somebody along the way" y el rock n' roll  desenfrenado y directo como en "Manic mondays" o en "The plan", sin olvidar algunos bien logrados deslices como la suave "Too lost to be found".

La primera mordida a este nuevo material de los Deadheads es "Don´t mind the ghost", el cual fue escogido como single promocional debido a que encapsula en un poco más de tres minutos lo que es la banda: instrumentos que atrapan las neuronas tras invadir las trompas de eustaquio, melodías infecciosas que construyen estribillos adictivos y juegos vocales claros que aprovechan el horizonte estereofónico. Con la grave fuerza del bajo eléctrico al centro de las bocinas y una batería asesina, el tema explota sin contemplaciones para que las guitarras atraviesen la piel como un millón de astillas. 

Desde diciembre de 2017, Deadheads lanzó en su canal de videos en YouTube el trabajo visual para "Don´t mind the ghost" que fue realizado por Max Ljungberg. Dentro de sus imágenes podemos observar a la banda interpretando el tema tras un velo que produce un juego de sombras y siluetas fantasmagóricas hasta que cae para permitirnos ver al grupo tal y como sería sobre un escenario. Un pequeño niño disfrazado de fantasma logra enamorarnos por su inocencia, pero al mismo tiempo nos hace recordar que los temores pueden ser tomados como un juego.


Frente a las propuestas que toman al rock como un medio intrincado para inundar el mundo con metáforas y secretos guardados bajo llave, Deadheads nos regalan una colección de temas sin mediaciones sin que ello signifique que sean banales. This one goes to 11 es un excelente disco que vuelve a poner bajo los reflectores aquel sonido sucio y crudo que sólo las bandas suecas pueden hacer, pero el cuarteto de Gotemburgo lo han refrescado con un estilo honesto lleno de intensidad y gran calidad interpretativa. Ahora es momento de descubrir cómo se escucharán sus once temas sobre los escenarios...